La puerta del cielo
La Puerta del Cielo
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Siempre que paseo por el atrio de San Isidro, me paro frente al pequeño arco, mi mirada lo cruza y se encuentra con el cielo. Desde que tenía ocho años y mi madre me dijo que siempre que mirara el cielo a través del arco, estaba más cerca.
Entonces esta zona de nuestro barrio, era nuestro campo de batalla en nuestras andanzas de los niños que vivíamos en su proximidad; al salir del colegio nos juntábamos todos los amigos, no importaba, nuestro estatuto social, a nadie. La pandilla la formábamos, Antonio, Marcial, Jose, Juanito, Melquíades, Santiago y yo. Al cruzar “ el arco de los gitanos “ divisábamos el majestuoso paisaje del valle, íbamos a las piedras que sostienen la muralla; pateándolas, subiéndolas y bajándolas, éramos caballeros medievales, bandoleros de las sierras andaluzas o sencillamente muchachos que soñábamos con los héroes de nuestros “ tebeos “ y de las películas que los sábados veíamos en la sesión infantil.
Llegando la Navidad, por la parte interior y pegados al lienzo de nuestra muralla, por que esa zona era nuestra y no permitíamos que nadie se acercase a ella, cogíamos el “ musgo “ para nuestros nacimientos que cada uno de la pandilla poníamos en casa con sana competencia, para cada cual el suyo era el mejor; a veces nos atrevíamos a poner efectos especiales como la lumbre de los pastores quemando algodón en alcohol, si ocurría algún pequeño accidente no importaba que nuestras figuras estuviesen chamuscadas, aunque fuesen nuevas de aquel año; poníamos una bandejilla para que la familia que nos visitase ayudase con sus perras para que comprásemos nuevas figuras; nadie nos ayudaba a poner el “ nacimiento “, solo nos daban un poco de espacio en la casa y unos tableros con soportes, lo demás siempre fue nuestro trabajo, con nuestros ahorros y si alguno no los tenía le ayudábamos los demás, sencillamente por ser amigos.
Una primavera se hicieron realidad nuestros sueños, iban a rodar una película de caballeros, de los buenos, de los caballeros del rey Arturo. Montados a caballo por las piedras llegarían los buenos con su caballero para asediar y pedir la rendición de los habitantes del castillo, que eran los que estaban dentro, subidos a la muralla; lanzaban flechas a los caballeros montados a caballo que les hacían frente. Las flechas tenían una punta negra y de goma para no hacer daño si daban a algún caballero bueno. El título de la película fue “ El Caballero Negro “,montaba un caballo blanco y tenía una coraza negra, amigo y defensor del rey Arturo.
Nos duró bastante la fiebre de la película y en mi huerta que estaba detrás del arco jugamos muchas veces a los caballeros del rey Arturo; los tenados y las almacenes fueron los aposentos del rey Arturo y de sus caballeros de la mesa redonda. Siempre me tocaba el papel del rey Arturo, quizás por que ponía los lugares de nuestros inolvidables juegos. El gran tesoro eran tres flechas que cogimos del rodaje de la película.
En mis paseos por la ciudad gris atravieso en innumerables ocasiones la puerta, bajo y de frente miro, veo el cielo traspasando el minúsculo arco, y yo si pido un deseo que unas veces se cumple y otras no, pero que por pedir falte. Y también recuerdo una canción que tarareábamos en los días de nuestras aventuras con los “ caballeros de la mesa redonda “. La canción era “ Torre de Arena “ de Mari Fe de Triana. Nos hablo tanto Antonio de ella, que la pandilla terminó aprendiéndose la canción, y quién no lo hacia por que un tío de nuestro amigo, la vio cantar en Radio Intercontinental de Madrid y su tío era policía secreta.
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