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eljuglardetelares

RECUERDOS

Si vuelves

Desde que te fuiste

solo me quedan ,

los intensos días vividos juntos ,

el recuerdo de tu sincera sonrisa,

la certeza de que estuvimos próximos,

la ilusión de que vuelvas

de nuevo cerca de mi vida…

 

Nunca olvidaré tu corazón grande,

tus movidas,

tus malas tintas,

tus entregas sinceras,

tus luchas para llegar

a quien amabas,

y lograrlo…

 

Pienso que en la distancia,

seguirás triunfando,

soñando tus metas,

que poco a poco vas consiguiendo,

y eternamente vas ganado,

compartiendo con la persona amada,

y dando todo sin pedir nada…

 

Si algún día vuelves,

todo será igual,

mi corazón se entregará a ti

tanto como  siempre lo ha hecho,

y mi alma recibirá la tuya

como si se hubiese parado el tiempo,

como si tu ausencia de seis años ,

fuera tu falta de algún fin de semana ,

que a la vuelta me contabas

disfrutando los dos…

Recuerdos de mi estación

 

Pasaban ya las doce  en una mañana de verano, allá por los últimos años sesenta; paraba en la estación mi seiscientos y bajado del coche mientras apagaba la radio, esperé algunos segundos en cerrar la puerta escuchando la canción que sonaba...

 La gran sala de la estación estaba recién pintada, con un mural enorme de los cuatro postes adornaba el techo, su estilo un poco cubista pero aceptable. Salí al andén comenzando un paseo nervioso, deseando que la unidad llegase ya, en la vía muerta estaba otra de las unidades de color amarillo y marrón, parecidas a los tranvías, con los asientos de listones gruesos de madera, muy incómodos pero siempre en el recuerdo. Cuantas veces he viajado sentado en las tablas, de Ávila a Madrid y al contrario, por  la época de los sesenta. Cuantos  sueños trazados y cuantos amigos de tren que me contaban sus vidas... Y cuantas paradas, viendo subir y bajar a hombres y mujeres; adivinando quien eran y lo que iban a hacer después del viaje... La unidad de Madrid estaba a punto de entrar lo había anunciado la megafonía.

 Llegaba mi amigo del alma, era la primera vez que pisaba mi tierra, nuestra amistad ya duraba tres años, nos conocimos en la facultad, conectamos y acabamos viviendo en la misma pensión; entre nosotros no había secretos, nos contábamos todo fuese lo que fuese. Estaba ese verano estudiando en la pensión para los exámenes de septiembre, pasando todo el calor del mundo. Le obligué a venir a la ciudad amurallada en el puente de la Virgen de Agosto, pasaría menos calor y nos divertiríamos todo lo que en aquellos años, dos amigos con veintidós años podían hacerlo. Después pasados esos días volveríamos los dos al calor del foro, a intentar estudiar para septiembre; a mi tampoco me fue bien en junio. La culpa de... lo de siempre, las nenas, los amores y los cachondeos...

 Siempre le puse por las nubes mi ciudad, era la mejor del mundo, y acabó deseando conocer las piedras grises de Ávila. Y mientras llegaba la unidad, tenía miedo... ¿Le gustaría el ambiente y las gentes de acá...? ¿Dónde iríamos a ligar?.... ¿Estaríamos con la pandilla?. Cada vez tenía más dudas. El pitido del tren entrando en la estación rompió mi pesadilla... Se paró y empecé a otear las puertas de la unidad y por la última divisé la silueta de mi amigo bajando al andén... Corriendo, me acerqué a él, nos abrazamos, y unidos por los hombros, con la maleta llegamos al seiscientos. Después de tirar la maleta en el asiento posterior, sentados los dos juntos; empezamos la aventura del puente en aquel verano.

 Todo fue bien, los miedos se disiparon a las primeras de cambio, estuvimos con la pandilla, ligamos con unas niñas castellanas eran Cary y Concha, bebimos más de la cuenta alguna noche... Y todos los días terminábamos en el dormitorio,  con confesión general... Fueron unos días inolvidables, yo descubrí lo importante que era para mi la amistad... Siempre sería mi mejor amigo y así fue... Pasados los días de fiesta volvimos juntos en la unidad amarilla y marrón de Madrid, a pasar calor y preparar los próximos exámenes.

 Quiero recordar... Y siempre que escucho la canción surge mi amigo y aquellos días que vivimos juntos... La canción que sonaba en el seiscientos era  “ Mis manos en tu cintura “ de Salvatore Adamo... El éxito de aquel verano... De mí evocado verano

Homenaje a Jacinto Herrero

Platero y yo

 

Hace algunos días los poetas y escritores de Ávila rindieron un merecido homenaje aun “ poeta “ sin igual, no pude estar presente y bien que me hubiese gustado... Pero una cita con el arte - La Ronda de las Leyendas - en las que participé, con el papel del obispo de Ávila Fray Hernando de Talavera, como lo hago todos los años con sumo gusto, pienso que todos los abulenses tenemos la obligación de luchar con ahínco por dar a conocer nuestra maravilla, nuestra ciudad de Ávila. Ya me disculpo desde estas líneas y le rindo mi homenaje, para mi fue muy importante conocerle. Voy a relataros  en esta semblanza mis recuerdos al conocerle allá por los años cincuenta.

 En el verano de mis ocho años, mi madre sugirió que debía cambiar de colegio; dejaría a las dominicas de la “ Capilla “ e iría a un nuevo colegio al “ Colegio Diocesano “. El verano paso rápido y cada día sentía la llegada del curso para ir a la nueva clase. Por mi  edad tenía que incorporarme en el aula  de “ grado medio “, nombre importante para un muchacho de ocho años; Fui conociendo nuevos compañeros y amigos, con los que combatiría mi vida hasta bien entrada mi juventud. El cariño amable de “ sor Tomasina “ desapareció, éramos más mayores y tendríamos dos profesores; uno para las asignaturas de ciencias y otro para letras, el padre Prospero y el profesor para castellano e historia fue el padre Jacinto. Los primeros días del curso conocimos a nuestros nuevos maestros, el Padre Prospero más cercano a nosotros y nos acompañaba en los juegos. El aula estaba en el edificio de la actual Cámara de Comercio  en la parte baja, sus ventanas daban a la cuesta que baja a Eduardo Marquina.

 Sentado en la primera fila, al lado de mi compañero Jesús Curiel, un alumno interno de un pueblo de Toledo, que asistía a clase en “ guardapolvos “ de color caqui claro, casi verdoso, me dijo un día  que era para no mancharse. Los dos estábamos escuchando y casi sin movernos las palabras del padre Jacinto, nos explicaba que para la clase de castellano deberíamos leer  un libro, de un escritor andaluz de la provincia de Huelva – ser de Huelva me alentó pues tenia tíos y primos en un pueblo cercano a Moguer donde nació este escritor – se llamaba Juan Ramón Jiménez. El libro elegido fue “ Platero y Yo “. Nos pidió que quien pudiese lo comprara ya que  sería una joya en futuro y el padre Jacinto disponía de varios ejemplares que usarían los que no se compraran el libro. Yo lo compré y lo compartí con Jesús.

 En una de las clases nos habló de  cosas que poco a poco comprendíamos mejor. Yo empecé a sentir grato la tarea de leer que nos imponía el profesor; el día de la compra de mi primer libro, intenté leerlo en casa por la noche y quedé defraudado por que no era una aventura con buenos y malos, pero lo acabé aquella noche sin saber como, quizás buscaba algo que sin saberlo medaba su lectura.

 Quedé muy sorprendido cuando nos explicó que el autor era poeta y su mejor poema estaba escrito en el libro de Platero, no lo entendía pero lo acepte como cierto al venir de nuestro profesor que lo defendía y cuando leía sus capítulos daba una sonoridad a sus palabras, que después nadie ha logrado dar.  Comenzó con las palabras que nunca olvidaré, y demostrándonos que Platero y yo era un gran poema de amor a un pequeño burrito muy querido por Juan Ramón... Platero es pequeño, peludo, suave; tan blando por fuera, que se diría todo de algodón, que no lleva huesos. Solo los espejos de azabache de sus ojos son duros cual dos escarabajos de cristal negro... Fuimos recorriendo de la mano de nuestro burrito las costumbres de su pueblo blanco de Moguer.

 Conocí el encanto de leer y me puse un objetivo, escribir cosas tan maravillosas como las que decía el libro; más que objetivo o meta de un muchacho es una quimera pues nadie escribirá como Juan Ramón; me sirvió para escribir y comunicar mis sentimientos en palabras a los demás. Muchas veces he vuelto a leer este gran poema y siempre ha sido  patrón en mis ilusiones y sentimientos. Y abrigo también un profundo respeto y agradecimiento para aquel profesor, joven y ambicioso; hoy un “ gran poeta... “ Se llama este maestro Jacinto Herrero. Tengo también un recuerdo musical al sentir los pueblos de Huelva y sus “ fandanguillos “...

El sueño cumplido

Desde niño quería ser un personaje de tiempos pasados, soñaba con ser el gran rey Arturo y tener mis caballeros de la tabla redonda, casarme con la dama más bella de la corte y ser el mejor rey de la historia, un rey justo, amable, y compartir todo con mis súbditos. Siempre y a través de los años estos sueños estuvieron dentro de mi. En la adolescencia y en la juventud ya los juegos no eran tan intensos pero siempre pensaba en los personajes históricos que iba estudiando y que me gustaba conocer e identificarme con ellos. Desde el rey Arturo, quizás fue el primero que llego a mi animo, cuantas veces vi. la película de los caballeros del rey Arturo , al menos una docena de ellas. Después entraron en mi alma otros personajes como “ El Cid “, “ Los Reyes Católicos “ Juana la loca y su esposo Felipe el hermoso en la película locura de amor, Don Juan de Austria “ Jeromín “, la película me hizo llorar siempre en el encuentro con su padre Carlos V; fue en aquellos tiempos cuando quise ser actor y poder hacer películas como lo hacia Jaime Blanc. Los personajes de la guerra de la Independencia también me gustaban y hasta admiré al gran Napoleón con sus dotes de mando y de lograr dominar el mundo. Otros héroes preferidos eran los bandidos de sierra morena. Y muchos más que siempre están en mis sueños.  Hay una canción que cuando la escucho me recuerda a un personaje de la mejor película de aquellos años, la escuche en el descanso de la proyección de Ben – Hur, era el emigrante y la cantaba Juanito Valderrama; el personaje era el protagonista de la película.
 
 Con apenas doce años descubrí algo que siempre estuvo en mi mente, el escenario de los personajes que me gustaba vivir, ese escenario lo tenia muy cerca, tan cerca que lo pisaba cada día cuando iba a clase o a pasear por una ciudad maravillosa, por mi idolatrada ciudad llena de piedras, de palacios, de historia y con las mejores murallas del mundo. Pensé que al igual que ya empezaban a rodarse películas en nuestra ciudad, teníamos que disfrutar los abulenses de esas piedras que sentíamos y que eran nuestras, podíamos ser nosotros mismos caballeros de otros tiempos, personajes famosos y a través de nuestros monumentos, de nuestras calles ser aquellos antepasados que estuvieron en las mismas calles y en los mismos lugares. Solo faltaba que esos personajes estuvieran vestidos de forma similar a como lo estuvieron en sus andanzas en los siglos pasados.
 Y mi sueño se cumplió, hace ya algunos años nuestros buenos ediles tuvieron la gran idea de hacer realidad mis sueños y llegó a nuestra ciudad el “ Mercado Medieval “. Con el aliciente de comprar productos diferentes nos pudimos vestir del ambiente de aquella época. Ya podíamos pasear por las calles de la ciudad medieval, vestidos de forma diferente viviendo aquellos tiempos pasados y que eran una realidad en estos años de progreso y técnica. Antes de elegir un simple disfraz pensé en mis sueños pasados y el primer traje que mande hacer y me puse, fue el vestido que podía haber lucido el emperador Carlos V, pues a mis años ya no tenía edad para  ser Jeromín, después, el pasado año cambie, quizás por el año dedicado a la reina Isabel y mi vestido fue el del rey Fernando el Católico. Otro evento para evocar los años triunfales de Ávila es la ronda de las leyendas, en la primera semana de junio; este año hemos llegado a la novena edición. Los aficionados al teatro podemos interpretar en los lugares más emblemáticos las leyendas de nuestros antepasados.
  Después de contaros todo esto me siento muy orgulloso de haber nacido en esta ciudad amurallada, de haber soñado los personajes de otros tiempos y de poder participar, aunque ya tengo bastantes años, en estos eventos que siempre dan una gran satisfacción de haber servido a la entrañable ciudad que me vio nacer. Vosotros que sois jóvenes os invito a participar de los mercados medievales y de la ronda de las leyendas pues si empezáis a hacerlo con menos años que yo, podréis disfrutar de este rollo durante muchos más años; y sentiros orgullosos de haber nacido o vivido en una ciudad patrimonio de la humanidad y que es sin ninguna duda la gran ciudad monumental y la mejor conservada.
 

 

La noche feliz de la calle del Pocillo

Hace ya muchos años, quizás cincuenta y cuatro, era el comienzo de la década de los cincuenta del pasado siglo XX, a la vez que me llega el recuerdo de una canción de titulo “ camino verde “ que en estos años interpreta “ Consorcio“; vuelvo a vivir aquellos años de mi infancia. Era el año cincuenta y llegaban las Navidades con mis seis años, estaba impaciente esperando la noche del cinco de enero para que los generosos “ Reyes Magos de Oriente “ nos dejaran sus regalos, los juguetes soñados y por tenerlos intentábamos durante todo el año ser “ buenos “ y sobre todo “ obedientes “ y así obtendríamos más juguetes.
 
 La casa donde vivíamos en la travesía del Pocillo, una casa entonces moderna con ocho años de vida y con cuatro vecinos, dos por planta; arriba en el primero izquierda habitaba la familia “ Sánchez Maqueda “, matrimonio con cuatro hijos: Antonio, Marcial, Rosa María y Juan Manuel, también vivía con ellos su abuela, la buenaza señora “ Ilde “ y “ Trini “ la sumisa y agradable “ chacha “. Antonio un año mayor que yo y mi amigo, mi consejero en todos los temas importantes como la autenticidad y generosidad de los “ mayores “.
 
En el primero derecha lo ocupaba la familia “ Sordo “, con tres hijas y un hijo; maría Victoria que generosa y cariñosamente le llamábamos “ Vivi “, jugaba con nosotros. Su padre era el delegado de la “ Falange “ en la ciudad, ellos ,los falangistas, organizaban una muy particular “ cabalgata de reyes “ con la misión de visitar a sus afiliados y amigos la noche del cinco de enero los reyes Magos. Alrededor de las doce de la noche llegaban sus majestades a su casa dejándoles muchos juguetes y después llamaban a casa de Antonio y la mía, sin juguetes, nos afirmaban que más tarde, ya entrada la madrugada volverían a dejar nuestros pedidos y deseados juguetes.
 
 Ya en la planta baja, a la derecha estaba la casa de la familia “ Senovilla “ era para nosotros la casa de la señora Julia, la madre, amiga de la mía y buena consejera, sus hijas eran mayores ya con edad de merecer; todas sus hijas eran muy agradables y a mí me querían mucho en nuestros encuentros siempre había un beso o una caricia por suparte que me e agradaba
 
El bajo izquierda era mi casa, o fue desde que nací, en una habitación siempre añorada y ahora cuando paso por allí recuerdo ese lugar y mis primeros días de vida, hasta que tenia siete años que mi padre hijo una casa en la calle Santo Domingo, cerca de esta y en el mismo barrio, la casa donde nací era de alquiler y la de Santo Domingo, decía mi padre que era su casa ganada con el trabajo diario.
 
Aquella noche de principios del año cincuenta, pronto como de costumbre, me acosté con muchas dudas sobre la llegada o no de sus “ majestades “ por sentir recelo sobre su autenticidad. A las dos de la madrugada me despertó el rey “ Gaspar “, el rubio que era mi preferido, por que su nombre era el mismo que el de mi padre y me dejó muchos pero solo caramelos. Volví a mi sueño y soñé que ya no tendría más regalos, solo caramelos, por tener esas dolorosas dudas. Me desperté del horrible sueño ya casi amaneciendo, era alrededor de las siete de la mañana y un golpe brusco que retumbó en toda la casa fue el comienzo de algo importante, rodó un “ balón de reglamento “ hasta mi cama, seguía el ruido de las cajas con regalos. Habían llegado los “ Reyes “ y nos traían juguetes; para mi hermana una silla con una “ Pepona “,el coche de capota sería para el año siguiente lo mismo que mi “ bicicleta “.Además del balón  tenia en el pasillo un “ rifle “ del Oeste. Me sentía contento y fui muy feliz. esperaría  un año más para tener la” bici “, no importaba y estaba seguro de la existencia de los Magos y aun sigo pensando lo mismo.
 
 Aquella mañana en la radio de válvulas escuche un villancico profetizando la llegada de los fabricantes de sueños, decía... Ya vienen los Reyes Mayos por el arenal...
 

El niño Jesús de Praga

 

 

En mi barrio mirando al gran olmo esta la iglesia de la “ Santa “.  En ella aprendimos, de la mano de nuestros padres, a rezar, a ir a misa, a  ser buenos cristianos, ese era el sentimiento que los padres de entonces daban y era la educación que inculpaban a sus hijos. En la “ Santa “ conocí al “ Padre Segundo “, era el fraile de moda en aquella época, sus sermones desgarradores desde el púlpito llenaban la iglesia delos hombres y mujeres ansiosos de escucharle. En la misa de once y cuarto que él celebraba, los pasillos estaban siempre llenos de fieles en todas las épocas del año.

 

El padre Segundo, un fraile joven, con ganas de dar a todos los demás su energía, sus ganas de vivir. Tomó la cofradía del “ Santísimo Niño Jesús de Praga “ haciendo cofrades a todos los niños del barrio, a la mayoría. Todos éramos carne y uña con él. Todos los meses teníamos un domingo dedicado al “ Niño “. A las seis de la tarde, después de merendar en invierno, nos reunía a todos los muchachos en la iglesia para rezar al niño. Colocados ambos lados vigilaba a todos para que hablásemos y para que estuviéramos atentos a los rezos que venían desde el púlpito, de vez en cuando se escapaba algún capón cariñoso que imponía un silencio total. En unas pequeñas andas estaba colocado el “ Niño Jesús “ y terminados los rezos  lo sacábamos en procesión por la plazuela de la Santa, nos pegábamos por ser los elegidos para tomar las andas sobre nuestros hombros.

 

Terminada la procesión y dejado el “ Niño “ sobre la mesa que sostenía a las andas, recibíamos el premio. Un premio maravilloso para los chaveas de entonces. En el salón de la puerta de al lado estaba el salón, en el nos ponían cine, “ cine mudo “  pero genial. El gran mago que ponía en marcha la maquina era el “ Padre Eufrasio “. Para nosotros era un sabio; una vez nos introdujo en el convento, llevándonos  a su laboratorio, molaba mucho, nos dejó alucinados. Allí vi un grabador de voces, nos lo probó y dijo que mi voz era muy buena, me puse más contento que unas castañuelas, estuvo más de una hora explicándonos todos los aparatos. Las películas del cine eran todas de mucha risa, duraban cada una veinte minutos y mientras cambiaba de rollo, gritábamos y nos lo pasábamos bien. Las había del “ Gordo y el Flaco “, de “ Carlot “ y de otros cómicos que hacían muchas gansadas.

 

Por las navidades del día veinticinco de diciembre al uno de enero era la novena anual del “ Niño de Praga “ y todas las tardes a las seis acudíamos a nuestra cita, en esta época la procesión se cambiaba por el ensayo de villancicos; un fraile cantaba y el padre Segundo vigilaba y repartía capones para los que no estábamos a la faena. Un villancico de los que ensayábamos impactó en mi siempre que lo oigo renacen en mi estos recuerdos que estoy contando, era  “ Campana sobre Campana “. Al terminar la novena adorábamos al niño del portal  cantándole los villancicos.

 

El padre Celestino sucedió en esta misión con los chavales al padre Segundo que ascendió, eso nos dijeron; se hizo buen amigo nuestro y hasta compró una máquina de cine sonoro que él mismo manejaba, recuerdo entre otras películas que nos puso “ el milagro de Fátima “, fue la primera vez que lloré en el cine, después lloré muchas veces y no me duele decirlo. El cine sonoro fue genial, pero yo sinceramente añoraba las tardes de las películas y risas del cine mudo.  

 

Las flores de los santos

       Desde muy pequeño con cinco o seis años acompañaba a mis padres y mis tías al cementerio el día de “ Todos los Santos “; en aquellos días empezábamos desde pequeños a conocer y visitar los cementerios y a comprender la tristeza de la muerte de los seres queridos; ahora se trata por encima de todo de anular y evitar estas visitas a los niños y adolescentes para protegerles del sufrimiento, no es muy comprensible para mi pues nunca sufrí en mis numerosas visitas a los cementerios; de adolescente y de joven se acostumbraba , en estos días hacer la visita allí, al lugar de los sueños.
        Ahora ha llegado a ser el día de la feria de las flores que en el Mercado Chico y en todas las floristerías las preparan para ser un simple consumo como si se tratara de otra fiesta más. No cabe duda que en nuestros días se compran grandes ramos, centros y cestas de las más usuales flores para competir a ver quien las lleva mejores, más bonitas y más grandes a las tumbas de sus familiares. Van días varios días antes a sus tumbas para prepararlas y dejarlas bien como su hubiese una exposición de flores el día de Todos los Santos, una competencia que no entiendo de las tumbas adornadas. Comprendo los sentimientos de aquellas personas que han perdido a sus seres queridos y que les lleven las mejores flores, pero por qué en este día, hay más de trescientos días cada año para llevar flores a los nuestros, por qué en este día.
       Uno de los primeros recuerdos de las visitas por estos días al cementerio, es que cogiamos las flores del jardín de mis abuelos; flores que el abuelo plantaba y cuidaba durante todo el año para estos días, eran crisantemos blancos, amarillos y sobre todo morados que con asiduidad y cariño regaba todos los días del verano para que tuviesen las mejores flores. La tumba que visitábamos era la del marido de la Tía teresa , la del pueblo, que murió en Ávila y la tía, hermana de la abuela, siempre los visitaba en estas fechas, vivía en el pueblo y según me contaba fue la cómplice del comienzo del noviazgo de mis padres. Algunos años estas fechas las pasaba en un pueblo de Huelva donde estaban enterrados mis abuelos maternos, allí lo hacían en nichos, estaban cada uno en uno diferente pues se murieron muy próximos en algo mas de un año, el primero en el cuarenta y ocho, en este lugar se les llevaba unas coronas de plumas que la tía Irene guardaba varios años. El día anterior, en Ávila , las tías cortaban las flores y preparaban varios ramos  para que nosotros las llevásemos al cementerio, también visitábamos otra tumba de niños en la que estaba enterrado un tío mío , hermano de mi padre que murió pequeño, y un hermano mío que solo vivió veinticuatro horas al nacer y solo le vi. un instante antes de morir, siempre le recuerdo con cariño y tristeza.
       Ya en el cementerio las flores se colocaban sobre la tierra de las tumbas haciendo cruces y otras figuras con los crisantemos de diferentes colores, también había ramas de flores aterciopeladas de color morado que siempre me impresionaron y que me recordaban los días tristes de la muerte. El camino de ida y vuelta lo hacíamos generalmente a pie, después de estar una hora o más en la puerta de salida comprábamos castañas asadas que vendían y eran las primeras de la temporada. Con las manos negras de pelarlas, sin hambre y con pocas ganas de cenar llegábamos a casa.
        Y aquel día no se enchufaba la radio y después de cenar se rezaba sobre todo por los abuelos fallecidos de Calañas. Al día siguiente dos de noviembre, día de las “ ánimas “ no había clase, íbamos a la misa, el cura decía este día tres misas seguidas yo solo aguantaba una, el coro de los frailes de la Santa en gregoriano los “ Misereres “ al volverlos a escuchar durante toda mi vida me recuerdan estos días tristes y sobre todo el llevar flores a nuestros seres , familiares y amigos que ya nos dejaron y que nunca olvidamos.
 

El sueño cumplido

Desde niño quería ser un personaje de tiempos pasados, soñaba con ser el gran rey Arturo y tener mis caballeros de la tabla redonda, casarme con la dama más bella de la corte y ser el mejor rey de la historia, un rey justo, amable, y compartir todo con mis súbditos. Siempre y a través de los años estos sueños estuvieron dentro de mi. En la adolescencia y en la juventud ya los juegos no eran tan intensos pero siempre pensaba en los personajes históricos que iba estudiando y que me gustaba conocer e identificarme con ellos. Desde el rey Arturo, quizás fue el primero que llego a mi animo, cuantas veces vi. la película de los caballeros del rey Arturo , al menos una docena de ellas. Después entraron en mi alma otros personajes como “ El Cid “, “ Los Reyes Católicos “ Juana la loca y su esposo Felipe el hermoso en la película locura de amor, Don Juan de Austria “ Jeromín “, la película me hizo llorar siempre en el encuentro con su padre Carlos V; fue en aquellos tiempos cuando quise ser actor y poder hacer películas como lo hacia Jaime Blanc. Los personajes de la guerra de la Independencia también me gustaban y hasta admiré al gran Napoleón con sus dotes de mando y de lograr dominar el mundo. Otros héroes preferidos eran los bandidos de sierra morena. Y muchos más que siempre están en mis sueños.  Hay una canción que cuando la escucho me recuerda a un personaje de la mejor película de aquellos años, la escuche en el descanso de la proyección de Ben – Hur, era el emigrante y la cantaba Juanito Valderrama; el personaje era el protagonista de la película.
 
 Con apenas doce años descubrí algo que siempre estuvo en mi mente, el escenario de los personajes que me gustaba vivir, ese escenario lo tenia muy cerca, tan cerca que lo pisaba cada día cuando iba a clase o a pasear por una ciudad maravillosa, por mi idolatrada ciudad llena de piedras, de palacios, de historia y con las mejores murallas del mundo. Pensé que al igual que ya empezaban a rodarse películas en nuestra ciudad, teníamos que disfrutar los abulenses de esas piedras que sentíamos y que eran nuestras, podíamos ser nosotros mismos caballeros de otros tiempos, personajes famosos y a través de nuestros monumentos, de nuestras calles ser aquellos antepasados que estuvieron en las mismas calles y en los mismos lugares. Solo faltaba que esos personajes estuvieran vestidos de forma similar a como lo estuvieron en sus andanzas en los siglos pasados.
 
Y mi sueño se cumplió, hace ya algunos años nuestros buenos ediles tuvieron la gran idea de hacer realidad mis sueños y llegó a nuestra ciudad el “ Mercado Medieval “. Con el aliciente de comprar productos diferentes nos pudimos vestir del ambiente de aquella época. Ya podíamos pasear por las calles de la ciudad medieval, vestidos de forma diferente viviendo aquellos tiempos pasados y que eran una realidad en estos años de progreso y técnica. Antes de elegir un simple disfraz pensé en mis sueños pasados y el primer traje que mande hacer y me puse, fue el vestido que podía haber lucido el emperador Carlos V, pues a mis años ya no tenía edad para  ser Jeromín, después, el pasado año cambie, quizás por el año dedicado a la reina Isabel y mi vestido fue el del rey Fernando el Católico. Otro evento para evocar los años triunfales de Ávila es la ronda de las leyendas, en la primera semana de junio; este año hemos llegado a la novena edición. Los aficionados al teatro podemos interpretar en los lugares más emblemáticos las leyendas de nuestros antepasados.
 
 Después de contaros todo esto me siento muy orgulloso de haber nacido en esta ciudad amurallada, de haber soñado los personajes de otros tiempos y de poder participar, aunque ya tengo bastantes años, en estos eventos que siempre dan una gran satisfacción de haber servido a la entrañable ciudad que me vio nacer. Vosotros que sois jóvenes os invito a participar de los mercados medievales y de la ronda de las leyendas pues si empezáis a hacerlo con menos años que yo, podréis disfrutar de este rollo durante muchos más años; y sentiros orgullosos de haber nacido o vivido en una ciudad patrimonio de la humanidad y que es sin ninguna duda la gran ciudad monumental y la mejor conservada.