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eljuglardetelares

POEMAS

Hojas muertas

Hojas ocre, amarillentas, verdosas, negras,

hojas caídas cada otoño

y pisadas con rencor…

 

El suelo se inunda de las hojas que ya han vivido,

el nacimiento y la pasión en la primavera,

la quietud en el  verano,

llegando a su fin en todos los otoños.

El ocre, el amarillo, el verdoso, el negro,

se funden en una inmensa alfombra

pateada por los que sentimos,

la nostalgia de lo perdido;

desde el verdor de la primavera

al color rojo del otoño.

Y después entrando diciembre

llegará el invierno…

 

Entonces las hojas caídas sin colores definidos,

rotas y maltratadas por

muchos días de nostalgia;

entre las lluvias y las nieves

se van para siempre…

Las hojas que han vivido todo

llegan al final,

con su último suspiro las hojas también mueren…

En la Navidad serán hojas muertas…

Amor en la Navidad

Un atardecer limpio,

sin olvido, sin rencor,

con devoción…

Es Pasión en la Navidad…

 

Una noche sin limites,

Sin disculpas,

sin temores,

con la verdad…

Es Devoción en la Navidad…

 

Un árbol nevado,

sin hojas,

roto por el peso blanco,

humilde y sumiso…

Es Ternura en la Navidad…

 

Una flor que aguanta el viento,

a la lluvia, a los pájaros,

a los hombres, a la razón…

Es Voluntad en la Navidad…

 

Sencillamente el perdón,

la lealtad sin tapujos…

Cada día…

Siempre…

Eternamente…

Toda la vida…

Es Amor en nuestra Navidad…

el mercado chico

Paso a paso,

rompiendo el suelo de la plaza gris,

la pequeña plaza,

valiosa en historia,

pobre en la majestuosidad

de sus piedras y ladrillos.

 

Las verjas seguidas en sus balcones,

rancias y amparadas en su igualdad

por los años pasados,

por las grandezas,

de la primera plaza en la ciudad amurallada.

 

Sentado en un banco,

desde la apacible tarde del otoño nuevo,

oteando aun las terrazas

con bastantes almas en el descanso,

mientras beben o gozan

algún manjar diferente.

 

Percibo la casa grande…

La casa de todos,

con sus ventanas amplias,

sus balcones espaciosos

y generosos en la piedra gris,

la piedra de la ciudad de las murallas.

 

Y entonces apareciste tú,

como un resplandor,

en el arco central de la gran casa.

Con tus zapatos viajeros,

avanzaste sin prisa

y sin pausa hacia mi banco…

 

Te acercaste, me miraste,

con un perdón por abrumarme.

Deseaste que te indicara,

algo que yo sabia…

 

Tus ojos azules me cautivaron,

ya en pie te ofrecí mi compañía,

para llegar a tu destino…

 

Y en aquel instante,

ya enamorado de ti….

Te ame.

 

Las Amapolas

La tarde se acaba…

Sin pensar en caer…

El verano…

Siempre distinto…

Calor fuerte en el

día de san Pedro…

 

La inmensa luz…

En las tardes grandes…

Llenas de la claridad

de un junio que acaba…

 

Sobre el gran campo rojo…

Apareciste tú…

Después de largo tiempo sin tenerte…

Sin saber de tus últimas aventuras…

Volviste…

 

No te había olvidado…

En este  día…

En nuestro Día…

Como en otros tiempos,

te esperaba…

 

Esperaba tu sincera sonrisa…

Una verdadera ansia de tener de nuevo

esos días que pasamos queriéndonos…

Soñando con todas la ilusiones

que después perdimos…

 

Era sueño o realidad…

Tú salir del paraíso rojo…

Dónde las amapolas habían nacido

para tu llegada…

La mejor de todas.

 

Me acerque con miedo hacía ti,

pensaba que solo era un quimera,

pensar en volver a estar juntos…

 

Nos acercamos…

Nos miramos…

 

 

Saltamos los dos

en un eterno abrazo…

Borrando los años de olvido…

Los años de anhelos rojos…

De ilusiones perdidas…

 

Las amapolas habían tejido

una inmensa alfombra,

para nuestra unión…

 

Las amapolas rojas…

Las ultimas de junio

en nuestro campo del verano…

Serán siempre el testigo

de nuestra definitiva pasión.

 

Retorno a nuestra ciudad

He vuelto  a mi ciudad…

He vuelto contigo…

Y soy feliz…

 

Mi alma se rompe de alegría,

por que estás tú…

 

De tu mano…

Pasearemos por sus calles,

sentiremos aquella farola

donde te conocí,

donde tus ojos me envolvieron…

Sintiéndote…

Deseándote…

Amándote…

 

Volveremos a las calles recordando…

El caminar…

Cuantas veces unidos por la mano,

 hombro con hombro pateamos,

solos en busca de los ideales buenos,

que pocas veces logramos…

 

Aquellos restaurantes…

De comida basura que vivía cada día,

para que tú me dieses la comida,

que en tus manos era el mejor manjar,

cuando me rozaban,

al servirme sentía estar en el mejor lugar,

repartiendo contigo mi soñar…

 

Las noches llenas de música,

de bailes, de abrazos y besos…

 

Mi despacho era la guarida,

para que solos,

estuviésemos siempre deseando amar…

 

 

Y mi casa….

Nuestra casa…

 

El primer día,

después del encuentro bajo la farola,

entraste y me diste el mejor sustento …

Tus caricias, tus besos, tu pasión…

Me pediste que te enseñase a amar…

 

Aquí nos sentimos felices…

fuimos los mejores amantes…

Y aquí lloré tus marchas

y deseé tus vueltas,

siempre tenía un lugar para ti…

 

Aquel día de tú última partida,

me quede solo…

Rompí el tiempo y desee morir…

Llore cual magdalena sin miedo,

sin vergüenza,

solo con mucha pasión por ti,

con mi eterno amor.

 

He vuelto  a mi ciudad…

He vuelto contigo…

Y soy feliz…

Tres de Mayo

    Me contaron que tardé tres días en conseguir

ver la luz de este miserable mundo…

 

Quería llegar el tres, día de la cruz,

día de augurio de un sufrimiento continuo,

de una amargura eterna.

 

Era deseado…

Después el deseo se convirtió en ansia,

en empeño,

en continua desolación.

 

Joven quise ser el mejor amante

y solo fui el mejor amigo,

quien soportaba sus sentimientos,

los respetaba perpetuamente,

ansiando un poco de su atención…

 

Sabia que me quería

y no podía decírmelo,

por los malditos demás.

 

Busque algo…

Que me diese la paz inalcanzada,

 logre ser  un padre,

queriendo con locura a mis hijos…

 

Solo eso…

El amor, la dedicación,

siguió en mí.

 

Trabajando sin ilusión,

por necesidades impuestas,

al caminar de una vida,

llena de soledad…

 

Seguia viviendo, soñando,

teniendo ilusiones

y metas falsas…

 

Pasaron los años sin poder ser yo,

sin tener tiempo,

ni ganas de expresar mis sentimientos…

 

Busqué otra vida

y la encontré en la tarima de un teatro,

viviendo otras vidas,

siempre eran mejores que la mía,

con mis personajes encontré,

los momentos deseados en mi vida real…

Con ellos,

con mis actores fui dichoso…

 

Han pasado sesenta y cinco años…

 

Apareció el momento de cambiar de vida,

gozándome por ser,

otro de los que hacemos lo deseado…

 

Volver a ser joven,

 revivir lo  no logrado en mi juventud,

 tener el valor de ser valiente,

 llegar a lograr,

mis empeños negados

durante tantos años…

 

Ahora…

Con los  pocos años que me quedan…

 

Anhelando…

Que es amar con dolor,

aceptando, deseando…

 

Seré fuerte …

Seré atrevido …

Seré por fin dichoso ….

 

Te sigo amando

 

 

Un año más…

Y llega tu día,

un día sincero, claro, diferente,

y como cada año

te sigo esperando…

 

Siempre recuerdo tus ojos,

tu boca, tu pelo, tu cuello

y sobre todo tú cuerpo…

 

Espero que algún año llegues,

dándome todo lo que en muchos años,

angustiado esperé…

 

Me conformo con tenerte cerca,

con sentirte, rozarte…

Y si me llega un beso tuyo…

Sentiré el edén.

 

Y tú…

¿Sigues recordándome…?

Sintiendo como aquella noche,

la única en que te sentí para mi,

cuando nos prometimos tantas cosas,

borradas ya por el tiempo….

No por mi corazón.

 

Cada año en este día te he anhelado,

deseado, amado con todas mis fuerzas,

después de romperme

Teniéndote cerca,

y que solo fueras para mi.

 

Tú ya me olvidaste…

No importa…

El dolor de tu abandono,

se suple por el amor sincero

que sigue brotando de mi corazón.

 

Si no me olvidaste…

Ven, quédate…

Te prometo que vivirás dichoso,

porque yo moriré

para hacerte la criatura más dichosa,

en esta dolorosa tierra de ilusiones perdidas.

 

Por favor ven…

Aunque solo sea

para ver tu sonrisa…

Lo necesito…

Para seguir despertando contigo.

Una noche Fria

En la noche fría,

con la bufanda en el cuello,

vago despacio en busca de la ilusión,

mis pasos son temerosos y esparcidos,

sin deseos de llegar,

sin ganas de estar en esta noche,

sin ilusiones,

sin pesares,

con temores,

de  no volver a encontrar la confianza,

la calma.

 

Los tres magos pasan,

y yo siento más frío,

deseo sentir el mundo

y solo me atrevo a suspirar por ti,

por tu ilusión,

por la noche que llegará.

 

Y pasándola  despacio,

después,

el rudo y alegre despertar,

lleno de una no conocida imaginación,

en mi tradición que ya será tuya.

 

Tengo miedo que Melchor,

Gaspar y Baltasar,

no regresen  a tu asombrosa alma,

como lo hacen en la mía,

todos los seis  de enero.

 

Yo ya te sentiré siempre,

aunque tu olvides a mis tres reyes magos.