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El niño Jesús de Praga

En mi barrio mirando al gran olmo esta la iglesia de la “ Santa “.  En ella aprendimos, de la mano de nuestros padres, a rezar, a ir a misa, a  ser buenos cristianos, ese era el sentimiento que los padres de entonces daban y era la educación que inculpaban a sus hijos. En la “ Santa “ conocí al “ Padre Segundo “, era el fraile de moda en aquella época, sus sermones desgarradores desde el púlpito llenaban la iglesia delos hombres y mujeres ansiosos de escucharle. En la misa de once y cuarto que él celebraba, los pasillos estaban siempre llenos de fieles en todas las épocas del año.

 

El padre Segundo, un fraile joven, con ganas de dar a todos los demás su energía, sus ganas de vivir. Tomó la cofradía del “ Santísimo Niño Jesús de Praga “ haciendo cofrades a todos los niños del barrio, a la mayoría. Todos éramos carne y uña con él. Todos los meses teníamos un domingo dedicado al “ Niño “. A las seis de la tarde, después de merendar en invierno, nos reunía a todos los muchachos en la iglesia para rezar al niño. Colocados ambos lados vigilaba a todos para que hablásemos y para que estuviéramos atentos a los rezos que venían desde el púlpito, de vez en cuando se escapaba algún capón cariñoso que imponía un silencio total. En unas pequeñas andas estaba colocado el “ Niño Jesús “ y terminados los rezos  lo sacábamos en procesión por la plazuela de la Santa, nos pegábamos por ser los elegidos para tomar las andas sobre nuestros hombros.

 

Terminada la procesión y dejado el “ Niño “ sobre la mesa que sostenía a las andas, recibíamos el premio. Un premio maravilloso para los chaveas de entonces. En el salón de la puerta de al lado estaba el salón, en el nos ponían cine, “ cine mudo “  pero genial. El gran mago que ponía en marcha la maquina era el “ Padre Eufrasio “. Para nosotros era un sabio; una vez nos introdujo en el convento, llevándonos  a su laboratorio, molaba mucho, nos dejó alucinados. Allí vi un grabador de voces, nos lo probó y dijo que mi voz era muy buena, me puse más contento que unas castañuelas, estuvo más de una hora explicándonos todos los aparatos. Las películas del cine eran todas de mucha risa, duraban cada una veinte minutos y mientras cambiaba de rollo, gritábamos y nos lo pasábamos bien. Las había del “ Gordo y el Flaco “, de “ Carlot “ y de otros cómicos que hacían muchas gansadas.

 

Por las navidades del día veinticinco de diciembre al uno de enero era la novena anual del “ Niño de Praga “ y todas las tardes a las seis acudíamos a nuestra cita, en esta época la procesión se cambiaba por el ensayo de villancicos; un fraile cantaba y el padre Segundo vigilaba y repartía capones para los que no estábamos a la faena. Un villancico de los que ensayábamos impactó en mi siempre que lo oigo renacen en mi estos recuerdos que estoy contando, era  “ Campana sobre Campana “. Al terminar la novena adorábamos al niño del portal  cantándole los villancicos.

 

El padre Celestino sucedió en esta misión con los chavales al padre Segundo que ascendió, eso nos dijeron; se hizo buen amigo nuestro y hasta compró una máquina de cine sonoro que él mismo manejaba, recuerdo entre otras películas que nos puso “ el milagro de Fátima “, fue la primera vez que lloré en el cine, después lloré muchas veces y no me duele decirlo. El cine sonoro fue genial, pero yo sinceramente añoraba las tardes de las películas y risas del cine mudo. 

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