Después de terminar el curso de primero de bachiller, al llegar octubre y comenzar el nuevo curso también estrenábamos nuevo colegio, para ser más exactos nos instalábamos en el viejo edificio del seminario esperando que sus patios surgiese el nuevo colegio Diocesano, empezábamos el segundo curso del bachiller y se presentaba el nuevo curso con muchas novedades, sobre todo en lo referente al profesorado. Varios sacerdotes nuevos se incorporaban al claustro y sobre todo la gran novedad sería la llegada al profesorado de profesores seglares, cosa normal ahora pero entonces era la gran novedad. En mis recuerdos de aquel año fueron don Aureliano y don Marcelino, profesores de ciencias. Vivian internos en el colegio, en habitaciones semejantes a los sacerdotes profesores y superiores del colegio.
Don Aureliano era alto, fuerte y con apariencia agradable y cercana. Era el profesor de Física y Química y estuvo con nosotros hasta finalizar el cuarto curso y la revalida. Introdujo en la habitual forma de enseñar, una gran novedad, además e seguir el libro de texto; al llegar en química la “ Formulación “ nos dio apuntes sobre la forma de aprender a formular los productos químicos. Fue alucinante la gran novedad y sobre todo importante para aprender y para que nunca se olvidasen, al menos eso me ocurrió. Durante todo el curso y durante segundo, tercero y cuarto de bachiller un día de la semana, el jueves, se dedicaba a la formulación. Después de aprendernos los símbolos químicos diferenciando los metales y los no metales, nos enseñó los compuestos binarios: hidruros, óxidos, ácidos hidrácidos, anhídridos, hidróxidos; para entender los compuestos ternarios y cuaternarios hizo unos cuadros que tenían la potestad de llegar desde los anhídridos pasando por los ácidos oxácidos alas sales de dichos ácidos, al cambiar la valencia para memorizarlo decía “ Cuando el oso toca el pito el mico hace el pato “ así comprendimos que oso pasaba a ito y ico a ato. En cuarto curso empezó a enseñarnos la nomenclatura de los compuestos orgánicos siguiendo esta misma metodología.
Don Marcelino era más bajo y más delgado que don Aureliano nos daría las clases de matemáticas desde segundo hasta cuarto curso, su forma de explicar las matemáticas era diferente y sobre todo muy efectiva; introdujo en sus explicaciones el concepto de resumir todos los temas en apuntes claros y muy didácticos para realizar un mejor aprendizaje. Los polinomios, las ecuaciones de primer grado, de segundo y las bicuadradas fueron los temas más interesantes y agradables que aprendí desde su tutela. En geometría nos dibujaba muy bien las figuras geométricas y nos demostraba las formulas de las áreas y volumen para después aplicarlas al resolver los problemas que nos planteaba. Muchas noches sobre todo en la preparación de la revalida al finalizar cuarto curso, me quedaba en la mesa camilla del comedor de la casa , solo pues toda la familia se había acostado, hacia problemas de matemáticas con muchas ganas y el tiempo pasaba sin darme cuenta, estas noches fueron el preámbulo de las noches universitarias pasadas en blanco empollando los temas del examen próximo. Una de estas noches antes de que mi madre apagase la radio cuando seiba a la cama, escuché una canción de Lola Flores fue “Pena, penita, pena..” y siempre que la escucho recuerdo a mi primer gran profesor de matemáticas.
Siempre admiraré a estos grandes profesores de mi adolescencia, ellos inculcaron en mi la afición por química y las matemáticas que marcarían muchos años de mi vida. Ya en estos días y fuera del trabajo profesional estoy cultivando las letras que en aquella época olvide por culpa de dos grandes profesores, de lo que no me arrepiento. ahora estoy también muy contento de poder cultivar las letras y aprender a ser más persona y ser dador de experiencias vividas en otros años ya pasados y que fueron muy importantes.
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