El Olmo de la Santa
Magno, desmedido, soberano y añejo
eres el estandarte de la plaza;
abrigas a tú amparo el paso de la gente
y cobijas a todos los que Llegan.
Te contempla y te asiente con dulzura Teresa;
la gloriosa mujer que a tu cara brotó,
y desde su hogar ceniciento y recio de Ávila guarda,
como tú, a los que arriban
por doquier del mundo a visitarla.
Por el arco de la Santa llegan a ti, en los días del estío
caliente de Ávila; las gentes peregrinas con el deseo
del encuentro con Teresa;
pero antes tu sombra les da savia y paz a la entrada,
bajando desde el buen comer del Rastro.
Las judías y la chuleta, han saciado
con holgura los estómagos viajeros.
Te ven acogedor y se acercan a ti despacio,
acechando tu sombra para reposar los mágicos
manjares de las tierras castellanas.
Lirios azules desde la muralla al llegar la primavera
te hacen reverencia; mirándote de cerca
y deseando tu cobijo, tienden la mano y
la lealtad por siempre al gran árbol de la plaza.
Que te han hecho viejo olmo de la plaza,
queda solo tu tronco, rematado por unos escogidos
vástagos que recuerdan tu esplendor.
Volverás a ser vasto y majestuoso.
Volverás a ser el colosal guardián devoto y
cómplice de nuestra Insigne Teresa.
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