El teatro Principal
Hace algunas semanas tuve el honor de visitar la bella y castellana ciudad de Zamora, el Ayuntamiento de esta ciudad nos recibió en un coqueto teatro principal, llamado “ la bombonera “ por todos los zamoranos. Dentro de unos meses cumplirá cuatrocientos años y piensan todos sus habitantes celebrarlo a lo grande, es pequeño pero con todos los requisitos y exigencias de los mejores teatros, su patio de butacas, los palcos de proscenio, los de anfiteatro las plateas y tres pisos; el telón era impresionante con pinturas alegóricas a su ciudad y a los años pasados, sus miradores, agujeros disimulados para que los actores vean al público a telón cerrado. Quisiera ser zamorano, vivir en esta bonita ciudad y poder disfrutar de este teatro ideal. Sentí una gran envidia sana y a la vez un gran enfado que me duró varios días.
Pensaba en nuestro añorado “ teatro principal “.Por qué no se conservó y restauró para poder disfrutar en nuestros días de un teatro clásico y bonito todos los abulenses amantes del arte de Talía, que pena que ahora no lo tengamos. En fin ya no valen lamentaciones y pienso que no hizo buen negocio la empresa que acabó con él, pues aparte de un no muy grande bar de copas no hay en su dependencias ninguna otra utilidad. Fuimos cobardes los abulenses para que se llevara a efecto la canallada de destruirlo. Recuerdo el primer teatro principal con todos sus palcos laterales, el patio de butacas y sus tres pisos; en aquel escenario fue mi debut teatral como actor, utilizamos sus antiguos camerinos durante dos días todos los compañeros de curso que teníamos que representar la obra, no recuerdo su titulo, era un tema apropiado para estudiantes de la “galería salesiana “.
El trama exponía la vida de algunos estudiantes que compartían casa, lo que más claro tengo de la intervención en el sainete en gran debut, tenía que entrar y hablar con dos compañeros que estaban preparando una noche de juerga y algarabía, entraba cantando y elegí una canción de moda en aquella época de Domenico Moduño “ Volare..” , mi voz para cantar es nula y la carcajada del público al oírme fue unánime, después que pasaron las risas y ya en el escenario decía: _el español cuando canta o rabia o no tiene blanca ...Y yo vengo aquí como un cesante hambriento ... - El sainete tuvo éxito hasta nos auguraron un gran porvenir en el arte de las tablas. Siempre que oigo este tema, que es una gran canción y que me priva, recuerdo a mi soñado teatro principal.
También pienso en la primera reforma que le hicieron para poder proyectar en él el novedoso “ cinemascope “ y fui a ver esa primera película de esta modalidad, era una del oeste “ El jardín del diablo “. La película fue una pasada, un sonido impresionante, nada con el actual de las salas de los multicines, y las imágenes eran más grandes y claras, pero habían desgraciado para siempre el teatro el teatro, le quitaron los palcos laterales, casi todo el escenario, no me gustó entonces y ahora cada vez que lo pienso me subleva que el “ séptimo arte “ llegase arrasando al querido “ arte de Talía “.
El negocio cinematográfico en nuestra ciudad por aquellos años fue grande y posteriormente un empresario fuerte se cargó casi todas las salas de la ciudad bajándolos precios de las entradas y llegó así el cierre del teatro que en años posteriores fue interiormente demolido para hacer pisos, apartamentos y oficinas; gracias a Dios dejaron la fachada principal con los balcones preciosos que lo presidía y la puerta, ahora en mal estado.
De esas dos puertas entonces una era para el teatro y la otra para el salón de baile, el mejor día para ir aligar era el jueves. Me contaba mi padre que en el salón de baile, antes de la guerra, era la cita del gran baile del carnaval que en los años treinta se celebraba con gran auge. Que gran teatro tendríamos si se hubiese remodelado, si alguien hubiera pensado en unir el baile del “ tranca “ y el teatro. Mi soñado teatro principal.
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