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eljuglardetelares

Las flores de los santos

       Desde muy pequeño con cinco o seis años acompañaba a mis padres y mis tías al cementerio el día de “ Todos los Santos “; en aquellos días empezábamos desde pequeños a conocer y visitar los cementerios y a comprender la tristeza de la muerte de los seres queridos; ahora se trata por encima de todo de anular y evitar estas visitas a los niños y adolescentes para protegerles del sufrimiento, no es muy comprensible para mi pues nunca sufrí en mis numerosas visitas a los cementerios; de adolescente y de joven se acostumbraba , en estos días hacer la visita allí, al lugar de los sueños.
        Ahora ha llegado a ser el día de la feria de las flores que en el Mercado Chico y en todas las floristerías las preparan para ser un simple consumo como si se tratara de otra fiesta más. No cabe duda que en nuestros días se compran grandes ramos, centros y cestas de las más usuales flores para competir a ver quien las lleva mejores, más bonitas y más grandes a las tumbas de sus familiares. Van días varios días antes a sus tumbas para prepararlas y dejarlas bien como su hubiese una exposición de flores el día de Todos los Santos, una competencia que no entiendo de las tumbas adornadas. Comprendo los sentimientos de aquellas personas que han perdido a sus seres queridos y que les lleven las mejores flores, pero por qué en este día, hay más de trescientos días cada año para llevar flores a los nuestros, por qué en este día.
       Uno de los primeros recuerdos de las visitas por estos días al cementerio, es que cogiamos las flores del jardín de mis abuelos; flores que el abuelo plantaba y cuidaba durante todo el año para estos días, eran crisantemos blancos, amarillos y sobre todo morados que con asiduidad y cariño regaba todos los días del verano para que tuviesen las mejores flores. La tumba que visitábamos era la del marido de la Tía teresa , la del pueblo, que murió en Ávila y la tía, hermana de la abuela, siempre los visitaba en estas fechas, vivía en el pueblo y según me contaba fue la cómplice del comienzo del noviazgo de mis padres. Algunos años estas fechas las pasaba en un pueblo de Huelva donde estaban enterrados mis abuelos maternos, allí lo hacían en nichos, estaban cada uno en uno diferente pues se murieron muy próximos en algo mas de un año, el primero en el cuarenta y ocho, en este lugar se les llevaba unas coronas de plumas que la tía Irene guardaba varios años. El día anterior, en Ávila , las tías cortaban las flores y preparaban varios ramos  para que nosotros las llevásemos al cementerio, también visitábamos otra tumba de niños en la que estaba enterrado un tío mío , hermano de mi padre que murió pequeño, y un hermano mío que solo vivió veinticuatro horas al nacer y solo le vi. un instante antes de morir, siempre le recuerdo con cariño y tristeza.
       Ya en el cementerio las flores se colocaban sobre la tierra de las tumbas haciendo cruces y otras figuras con los crisantemos de diferentes colores, también había ramas de flores aterciopeladas de color morado que siempre me impresionaron y que me recordaban los días tristes de la muerte. El camino de ida y vuelta lo hacíamos generalmente a pie, después de estar una hora o más en la puerta de salida comprábamos castañas asadas que vendían y eran las primeras de la temporada. Con las manos negras de pelarlas, sin hambre y con pocas ganas de cenar llegábamos a casa.
        Y aquel día no se enchufaba la radio y después de cenar se rezaba sobre todo por los abuelos fallecidos de Calañas. Al día siguiente dos de noviembre, día de las “ ánimas “ no había clase, íbamos a la misa, el cura decía este día tres misas seguidas yo solo aguantaba una, el coro de los frailes de la Santa en gregoriano los “ Misereres “ al volverlos a escuchar durante toda mi vida me recuerdan estos días tristes y sobre todo el llevar flores a nuestros seres , familiares y amigos que ya nos dejaron y que nunca olvidamos.
 

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