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Mi primera comunión

En las Navidades del año cincuenta se decidió que el año nuevo sería importante para mí, mis padres y mis abuelos acordaron que tomaría la comunión, era pequeño pues tendría siete años recién cumplidos; en el año cincuenta y uno caían las fiestas muy tempranas, la “ Ascensión “ fiesta que se celebraba por todo lo alto tenia fecha para el día tres de mayo, mi cumpleaños, y el día del “ Corpus “ sería el veinticuatro de mayo, ese seria el gran día... El día de mi primera comunión. A mí me ilusionaba la propuesta de la familia, la tomaríamos juntos muchos compañeros y amigos del colegio y lo haríamos en la iglesia de Monsen  Rubi; éramos pequeñajos e íbamos al colegio de la “ Capilla “ con las monjas Dominicas. Mi vecino Antonio, un año mayor que yo, era inseparable en aquellos días y la tomaríamos juntos el mismo día.

 

Después de pasar los “ Reyes “ al volver al colegio, mi primera tarea fue hablar con “ Sor Tomasina “ nuestra profesora, le expuse las razones por las que quería hacer la comunión, las comprendió y me aceptó en el grupo de los elegidos, mis compañeros de curso tenían un año más que yo y estaba en su curso desde que comenzamos a ir a “ la capilla “, pensé... seré muy inteligente, nunca nadie me aclaró las razones. La buena de Sor Tomasina, me quería mucho,  puso especial interés en prepararme pues los otros empezaron su preparación en octubre, no tuve dificultad en ponerme al día en poco tiempo y seguir con todos la llegada del día señalado. Éramos seis los mosqueteros  para aquel año Luis Miguel, Antonio, Juan José, Luis, Jesús y yo... A la mayoría les he perdido el rastro, no viven en Ávila.

 

La víspera del Corpus, nos confesó por segunda vez don José Muñoz Luengo, entonces capellán del convento, en casa veía la preparación de los dulces y comida para el ágape de la fiesta, como estaba nervioso mi madre me mando a casa de mi abuela, allí cogí una rabieta pues no quería enseñarme el regalo que me tenía preparado. Entre otras cosas me dijo que era un desobediente y mi comportamiento no era digno  de alguien que estaba confesado... Esta insinuación me hirió mucho y desde entonces mi abuela fue distinta para mí; lloré a escondidas y pasé la peor noche de mi vida. A llegar a la iglesia y antes de ensayar a la espera de los invitados, busqué al capellán y le conté mi tragedia... Se rió, me abrazó y me susurró al oído...” estate tranquilo comulga con todas las ganas de tu alma, ¡ojala fueran así los peores pecados!... “ no le entendí entonces pero me quede nuevo y con ganas de comerme el mundo.

 

Después de la misa que fue a las nueve para no pasar hambre en el ayuno obligatorio de entonces para comulgar, Sor Tomasina se retrató con nosotros en el jardín del convento, después un buen desayuno en casa con chocolate, picatostes, churros,  muchos dulces y pasteles; no duró mucho por que a las doce teníamos que ir a la ” procesión del  Señor ” por las calles de Ávila y pisar los primeros el oloroso tomillo con las flores moradas puesto a nuestro paso.

 

La comida fue familiar y abundante, ya en los postres mi padre pidió silencio, encendió la radio grande que estaba en el comedor y empezamos a oír los discos dedicados, sé oyó a la locutora decir para mi hijo... en el día de su primera comunión... La canción que sonó era ” La primera comunión “ cantada por Juanito Valderrama. Mi padre estaba emocionado oyendo la canción e imponiendo silencio a todos hasta que terminó,  cuando la escucho recuerdo emocionado en ese día el cariño y la ternura de mi padre orgulloso de su hijo.

 

 

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