Hace ya muchos años, quizás cincuenta y cuatro, era el comienzo de la década de los cincuenta del pasado siglo XX, a la vez que me llega el recuerdo de una canción de titulo “ camino verde “ que en estos años interpreta “ Consorcio“; vuelvo a vivir aquellos años de mi infancia. Era el año cincuenta y llegaban las Navidades con mis seis años, estaba impaciente esperando la noche del cinco de enero para que los generosos “ Reyes Magos de Oriente “ nos dejaran sus regalos, los juguetes soñados y por tenerlos intentábamos durante todo el año ser “ buenos “ y sobre todo “ obedientes “ y así obtendríamos más juguetes.
La casa donde vivíamos en la travesía del Pocillo, una casa entonces moderna con ocho años de vida y con cuatro vecinos, dos por planta; arriba en el primero izquierda habitaba la familia “ Sánchez Maqueda “, matrimonio con cuatro hijos: Antonio, Marcial, Rosa María y Juan Manuel, también vivía con ellos su abuela, la buenaza señora “ Ilde “ y “ Trini “ la sumisa y agradable “ chacha “. Antonio un año mayor que yo y mi amigo, mi consejero en todos los temas importantes como la autenticidad y generosidad de los “ mayores “.
En el primero derecha lo ocupaba la familia “ Sordo “, con tres hijas y un hijo; maría Victoria que generosa y cariñosamente le llamábamos “ Vivi “, jugaba con nosotros. Su padre era el delegado de la “ Falange “ en la ciudad, ellos ,los falangistas, organizaban una muy particular “ cabalgata de reyes “ con la misión de visitar a sus afiliados y amigos la noche del cinco de enero los reyes Magos. Alrededor de las doce de la noche llegaban sus majestades a su casa dejándoles muchos juguetes y después llamaban a casa de Antonio y la mía, sin juguetes, nos afirmaban que más tarde, ya entrada la madrugada volverían a dejar nuestros pedidos y deseados juguetes.
Ya en la planta baja, a la derecha estaba la casa de la familia “ Senovilla “ era para nosotros la casa de la señora Julia, la madre, amiga de la mía y buena consejera, sus hijas eran mayores ya con edad de merecer; todas sus hijas eran muy agradables y a mí me querían mucho en nuestros encuentros siempre había un beso o una caricia por suparte que me e agradaba
El bajo izquierda era mi casa, o fue desde que nací, en una habitación siempre añorada y ahora cuando paso por allí recuerdo ese lugar y mis primeros días de vida, hasta que tenia siete años que mi padre hijo una casa en la calle Santo Domingo, cerca de esta y en el mismo barrio, la casa donde nací era de alquiler y la de Santo Domingo, decía mi padre que era su casa ganada con el trabajo diario.
Aquella noche de principios del año cincuenta, pronto como de costumbre, me acosté con muchas dudas sobre la llegada o no de sus “ majestades “ por sentir recelo sobre su autenticidad. A las dos de la madrugada me despertó el rey “ Gaspar “, el rubio que era mi preferido, por que su nombre era el mismo que el de mi padre y me dejó muchos pero solo caramelos. Volví a mi sueño y soñé que ya no tendría más regalos, solo caramelos, por tener esas dolorosas dudas. Me desperté del horrible sueño ya casi amaneciendo, era alrededor de las siete de la mañana y un golpe brusco que retumbó en toda la casa fue el comienzo de algo importante, rodó un “ balón de reglamento “ hasta mi cama, seguía el ruido de las cajas con regalos. Habían llegado los “ Reyes “ y nos traían juguetes; para mi hermana una silla con una “ Pepona “,el coche de capota sería para el año siguiente lo mismo que mi “ bicicleta “.Además del balón tenia en el pasillo un “ rifle “ del Oeste. Me sentía contento y fui muy feliz. esperaría un año más para tener la” bici “, no importaba y estaba seguro de la existencia de los Magos y aun sigo pensando lo mismo.
Aquella mañana en la radio de válvulas escuche un villancico profetizando la llegada de los fabricantes de sueños, decía... Ya vienen los Reyes Mayos por el arenal...
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