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eljuglardetelares

Las siete espadas

En el viernes de dolor…

María te acompañamos,

en tu triste camino cerca,

del máximo abatimiento de tu hijo,

siete instantes de desdicha,s

on siete espadas que atraviesan

tu noble y dulce corazón. 

Ante Simeón…

sentiste las profecías de dolor

que sería la vida de tu niño,

su joven muerte y los tormentos futuros,

fueron la primera espada,

que llegó a tu corazón. 

Tierra del desierto…

Calor, camino sin fin hacia Egipto,

perdón al culpable… Herodes,

y mientras andabas

ya tenias tu corazón traspasado

con la segunda espada. 

En el camino recuerdos…

Aquel día de sufrimiento,

cuando perdiste a tu amado hijo,

en Jerusalén…Tu tranquila espera era,

la tercera espada del corazón de la madre. 

Maldito encuentro en la calle de la amargura,

tu hijo soportaba la dura cruz,

y de tu frágil cara brotaron lágrimas,

la cuarta espada rompió,

en el ya lastimado corazón

de la mujer dulce y fuerte. 

Calvario, sacrificio del hijo,

amargura de la madre,

agonía en su ánimo…

Y la quinta espada entra casi sin sitio

en el doliente corazón de ella.  

La sexta espada es más suave,

tiene entre sus brazos

el cuerpo del hijo amado,

del hijo muerto, del hijo sin dolor,

del hijo que siempre tendrá… 

Otra espada dura va a su corazón,

cuando dejan frío y solo,

el cuerpo amado en el sepulcro, y

a no puede sufrir más

por que el sufrimiento es dulzura,

aguardando siempre tener más cerca ,

eternamente al hijo… 

En el viernes de dolor…

María te acompañamos,

en tu triste camino cerca,

del máximo abatimiento de tu hijo,

siete instantes de desdicha,

son siete espadas que atraviesan

tu noble y dulce corazón. 

Aquellas Semanas Santas

Que maravillosos recuerdos llegan a mi cada año con la llegada de la Semana Santa, en aquellos días empezábamos a  vivir nuestra juventud, con trece y catorce años la “ semana santa “ eran unos días diferentes para todos los amigos de la “ pandilla “.  Además de presenciar  las procesiones que salían en Ávila, corriendo de unas calles a otras para verlas más de una vez y comentar cual era la  más larga, la más bonita, la de más silencio y recogimiento, la que tenia mayor número de capuchones y más... El año que vimos por primera vez procesionar al “ Cristo de las Batallas “ metido en su pequeña urna la imagen nos defraudo, era aun un niño, sin embargo la cara me impresionó y aún me conmueve cuando sale a las dos de la madrugada de Monsen  Rubi. Sus capuchones negros causaron en nosotros ansias de penitencia y perdón. 

También por aquellas fechas en nuestras casas preparaban manjares diferentes, con la sabia mano de las madres y las recetas de nuestras abuelas, comíamos las riquísimas “ torrijas “ que sabían a cielo, mejor que las de ahora y bebíamos limonada también de preparación casera, no muy fuerte, pues como decía mi madre... que así no se nos subía a la cabeza. Desde el domingo de “ Ramos “ con la procesión de las palmas, el miércoles la del silencio, el jueves la de los pasos, el viernes la del Santo entierro con el “ Ángel Custodio “, personaje que todas las madres deseaban para sus hijos y hasta el domingo del “ Resucitado “ comiendo el hornazo al lado de la ermita, no parábamos de disfrutar de los agradables manjares que en nuestras casas se esmeraban en darnos. 

Otro acontecimiento importante en los días grandes de la semana, el jueves, viernes y sábado por la noche, eran los “ oficios “... Las nuevas celebraciones litúrgicas de la pasión, muerte y resurrección de Jesús. A nuestros años era normal y agradable asistir a ellos en nuestras respectivas parroquias. Cerrado el colegio por las vacaciones íbamos a la parroquia a participar, de buena gana, en estas celebraciones. De la” pandilla “, los que éramos vecinos del mismo barrio y pertenecíamos a la parroquia de San Juan nos embarcamos en una aventura que nos propuso nuestro buen párroco don Antonio Curiel, teníamos que ayudarle a los” oficios “.

Antonio, Marcial y yo aceptamos, durante tres años estuvimos prestos a servir las exigencias de don Antonio; leer las largas lecturas y acompañarle en sus menesteres. Nos propuso que por causa de ser “ grandones “ tendríamos que lograr sotanas de algunos seminaristas. Esta propuesta nos hizo mucha ilusión y comenzó la búsqueda. Antonio tenia uno primo lejano en el seminario, las familias se llevaban muy bien y con su primo  de mediador las conseguimos, en los años siguientes seguimos contando con ellas.  En la semana anterior y el lunes, martes y miércoles nos citaba don Antonio para ensayar las lecturas y los cánticos... A mi se me daban mejor las lecturas que cantar, pues tengo un oído duro y aunque me ” chifla “ la música siempre que lo he intentado no logré obtener buenos resultados y opte por no cantar.  El jueves por la mañana preparábamos mejor dicho ayudábamos a realizar el “ monumento “ siempre quedaba genial, siempre era, el nuestro el mejor de la ciudad, al menos para nosotros. Al llegar las seis de la tarde del jueves alcanzábamos nuestro gran momento, estábamos nerviosos, revestidos con la sotana y el roquete, pero después siempre nos salía todo muy bien supongo que alguien... Nos guiaba. Ya el viernes y el sábado al acercarse la hora estábamos más tranquilos y preparados para encender, en la calle la lumbre, que aquellos primeros años de esta liturgia era la gran novedad. 

En aquellos días, en la iglesia que por lo indicado frecuenté mucho ponían música “ Gregoriana “. Y desde entonces esta música al escucharla me siento en el paraíso y es el reclamo  de mis recuerdos a estas obras de las “ Semanas Santas” que nunca olvidaré y quisiera que otros muchachos sigan haciendo lo mismo. Volví a vivir, soñar y sentir estos recuerdos cuando uno de mis hijos también ayudó varias veces a los “ oficios “, sin la sotana negra pero con el alba blanco... Treinta y cinco años después... 

La calle de la amargura

En la calle de la amargura

sola estás Santa María…

Esperas con ilusión que llegue

para ti, tu amado, tu soñado,

tu llorado, tu esperado hijo. 

Romperías el tiempo para quitar

los últimos días vividos y sentidos

sin él y por él…

Pararías el sol

para volver a soñar

los días acariciándole…

Apretarías las nubes

para que la lluvia olvidase

a los verdugos sin razón, de él… 

Mírale, así lo pusieron los

hombres que ignoran,

el consuelo de las almas.

Que desprecian el llanto

y el perdón.

Que ignoran la paz

y la justicia.

Que se burlan,de los hombres buenos,

que no saben odiar. 

Aflígete Madre y deja

después de aquel beso,

del mejor beso

la calle de la Amargura

y acéptanos, para mitigar

tu dolor, a los hombres

que te sentimos, que te queremos

que te esperamos, que te ofrecemos

nuestro dolor y nuestra lealtad.

Joven amigo

Ya tienes venticuatro en años.

Tu juventud ha explotado.

Tu corazón es mayor.

Y tu alma sigue siendo limpia.

Fuiste, eres y siempre serásmi amigo... 

Joven amigo...

hoy quiero recorrer mi ciudad gris.

Quiero mostrarte un rincón diferente,

a los pies de la muralla,

en el poniente brota a la vera del adaja,

una ermita pequeña,

vigía en la puerta del puente. 

Primero...Santa Lucia tenia su potestad,

después San Sebastián

y en los principios delsiglo dieciséis,

apreció el sepulcro de nuestro primer santo y obispo,

San Segundo...

Y desde entoncesla ermita se llamó así.

Sus restos fueron al lugarmás noble de la ciudad,

a nuestra catedral a una capilla,

solo para él... 

En la pequeña ermitaJuni te inmortalizó;

para que cada dos de mayo

bajemos a meter el pañuelo,

y a pedir tres dones

para que uno de ellos se haga realidad... 

Mi amigo... Vamos a pedir

a nuestro Santo un don que nos dará.

El primer deseo paz,

el segundo amor

y el tercero generosidad. 

Paz es generosidad...

Amor es paz...

Generosidad es paz y amor...

Lo tendremos y seremos felices

con paz, amor y generosidad... 

Mi joven amigo...

También en el frío invierno,

como hacían las madres,

descenderemos a pedir mercedes a Santa Lucia,

a San Sebastián y a Santa Águeda...

Y si hay nieve rezaremos tiritando,

nuestro olvido pidiendo

paz, amor y generosidad...

La puerta del cielo

 
La Puerta del Cielo

.


          

   Siempre que paseo por el atrio de San Isidro, me paro frente al  pequeño arco, mi mirada lo cruza y se encuentra con el cielo. Desde que tenía ocho años y mi madre me dijo que siempre que mirara el cielo a través del arco, estaba más cerca. 

Entonces esta zona de nuestro barrio,  era nuestro campo de batalla en nuestras andanzas de los niños que vivíamos en su proximidad; al salir del colegio nos juntábamos todos los amigos, no importaba, nuestro estatuto social, a nadie. La pandilla la formábamos, Antonio, Marcial, Jose, Juanito, Melquíades, Santiago y yo. Al cruzar “ el arco de los gitanos “ divisábamos el majestuoso paisaje del valle, íbamos a las piedras que sostienen la muralla; pateándolas, subiéndolas y bajándolas, éramos caballeros medievales, bandoleros de las sierras andaluzas o sencillamente muchachos que soñábamos con los héroes de nuestros “ tebeos “ y de las películas que los sábados veíamos en la sesión infantil. 

Llegando la Navidad, por la parte interior y pegados al lienzo de nuestra muralla, por que esa zona era nuestra y no permitíamos que nadie se acercase a ella, cogíamos el “ musgo “ para nuestros nacimientos que cada uno de la pandilla poníamos en casa con sana competencia, para cada cual el suyo era el mejor; a veces nos atrevíamos a poner efectos especiales como la lumbre de los pastores quemando algodón en alcohol, si ocurría algún pequeño accidente no importaba que nuestras figuras estuviesen chamuscadas, aunque fuesen nuevas de aquel año; poníamos una bandejilla para que la familia que nos visitase ayudase con sus perras para que comprásemos nuevas figuras; nadie nos ayudaba a poner el “ nacimiento “, solo nos daban un poco de espacio en la casa y unos tableros con soportes, lo demás siempre fue nuestro trabajo, con nuestros ahorros y si alguno no los tenía le ayudábamos  los demás, sencillamente por ser amigos. 

Una primavera se hicieron realidad nuestros sueños, iban a rodar una película de caballeros, de los buenos, de los caballeros del rey Arturo. Montados a caballo por las piedras llegarían los buenos con su caballero para asediar y pedir la rendición de los habitantes del castillo, que eran los que estaban dentro, subidos a la muralla; lanzaban flechas a los caballeros montados a caballo que les hacían frente. Las flechas tenían una punta negra y de goma para no hacer daño si daban a algún caballero bueno. El título de la película fue  “ El Caballero Negro “,montaba un caballo blanco y tenía una coraza negra, amigo y defensor del rey Arturo. 

Nos duró bastante la fiebre de la película y en mi huerta que estaba detrás del arco jugamos muchas veces a los caballeros del rey Arturo; los tenados y las almacenes fueron los aposentos del rey Arturo y de sus caballeros de la mesa redonda. Siempre me tocaba el papel del rey Arturo, quizás por que ponía los lugares de nuestros inolvidables juegos. El gran tesoro eran tres flechas que cogimos del rodaje de la película.  

En mis paseos por la ciudad gris atravieso en innumerables ocasiones la puerta, bajo y de frente miro, veo el cielo traspasando el minúsculo arco, y yo si pido un deseo que unas veces se cumple y otras no, pero que por pedir falte. Y también recuerdo una canción que tarareábamos en los días de nuestras aventuras con los “ caballeros de la mesa redonda “. La canción era “ Torre de Arena “ de Mari Fe de Triana. Nos hablo tanto Antonio de ella, que la pandilla terminó aprendiéndose la canción, y quién no lo hacia por que un tío de nuestro amigo, la vio cantar en  Radio Intercontinental de Madrid y su tío era policía secreta.