Nueve Puertas y Cuatro Postigos
Mi amigo... Ya estamos aquí junto a mi muralla, mírala... Es bella, majestuosa, triunfal; es nuestra fortaleza medieval, es la muralla de Ávila sin más. Emerge alta y clásica y saluda a todos los que alcanzan la ciudad. Admírala... Fíjate en sus almenas, sus torres – ochenta y ocho -, y sus puertas – nueve – y cuatro postigos que existieron en su esplendor... Acércate siente la confianza del ayer en el hoy.
Vamos a caminar por la ciudad gris, visitándola desde sus nueve puertas, daremos una vuelta larga y romperemos a través de sus puertas la urbe señorial y añeja. Descendiendo por la vieja ronda empedrada – suplicio de los ciclistas al llegar y éxtasis del aficionado viéndoles sufrir – La primera puerta a nuestra vista es la de “ Mariscal “, nombre heredado del antiguo portillo que en tiempos de Juan II vivía cerca el mariscal de Castilla D. Álvaro Dávila, el arco es ojival de tradición oriental. Ya dentro está de frente la iglesia de Monsen Rubi y desde la puerta ojeamos las menudas ermitas románicas, parroquias de los barios gremiales extramuros que con su trabajo daban vida y riqueza a la villa en el siglo dieciséis, y el monte alfombrado verde, arduo y silencioso en la tarde primaveral. La siguiente puerta, colega... Es la del “ Carmen “, su sillería árabe de cubos cuadrados quiebra la línea de la muralla; a mi edad de doncel la conocíamos como de la “ Cárcel “ el antiguo convento era la prisión provincial, ahora es el museo histórico...
Ya estamos chaval... En el poniente y esta es su puerta, del “ Puente “ o “ San Segundo “ por ser guardián de su ermita; estrecha abre la gran rampa que aborda el dominio de su misión. Y seguimos caminando, bordeando, al soleado sur cuesta arriba, acosa cabalgando, brotando de las piedras en la escalera alta; oteamos la explanada, el atrio que los siglos hicieron vasto el camino de llegar a la hermosa ermita que le miraba. San Isidro en ella protegía el transito; y después San Isidro con sus piedras se fue a las tierras que por patria le legaban. Y te quedaste huérfano, triste y pequeño... Ve es la primera puerta del sur “ Mala Ventura “ la llamaron por haber partido de ella los caballeros de Ávila que fueron inmolados en las hervencias por el rey Alfonso de Aragón y más tarde también partieron al exilio los judíos, era la puerta de su barrio, los telares. La gente de ahora la conoce por la de los “ Gitanos “ y yo la llamo con la mayor dilección “ La puerta del cielo “ pues siempre que paseo, me paro frente al pequeño arco, mi mirada lo cruza y se encuentra con el cielo. En mis ocho años mi madre decía que siempre que mirara el cielo a través del arco lo tenía más cerca.
Cuesta arriba, hemos llegado a la puerta de Santa Teresa, de la “ Santa “ con matacán y torres cuadradas y dentro la plaza, la casa y el gran árbol, magno, desmedido, soberano y añejo es el estandarte de la plaza; abriga a su amparo el paso de la gente y cobija a todos los que pasan. Le contempla y te asiente con dulzura Teresa; la gloriosa mujer que a su cara brotó, y desde su hogar ceniciento y recio de Ávila guarda, como tú, a los que arriban por doquier del mundo a visitarla. Caminado por dentro a la vera de la muralla y cruzando los palacios llegamos, tío... A la puerta del “ Rastro “ o de la “ Estrella “ o el “ Grajal “; mirándola desde el jardín disfrutamos de sus cubos cuadrados apoyándose un arco capanel que hace de balcón cubierto, con columnas y capiteles en forma de zapatas. Desde aquí y hasta el cubo del baluarte, en el alcázar, existieron cuatro postigos pertenecientes a las casas del Marqués de las Navas, de Don Enrique Dávila y dos al Alcázar.
Recorriendo el “ rastro largo “ llano y nuevo alcanzamos el lienzo este de la muralla, es la zona más llana y para mejor defenderla sus puertas son majestuosas. El arco del “ Alcázar “, que impone su esplendor al fin del recinto a su vera el gran alcázar para defender la ciudad y ojeándote el románico de San Pedro, su rosellón te guía dominante y claro... Avanzamos él y yo, leales, hacia el cimborrio, la gran torre de defensa en la catedral y aparece la puerta de los “ Leales “ o del “ Peso de la Harina “, la puerta cuadrada y más alta de todas; la hicieron en el siglo XVI donde estaba el postigo de los Deanes y pasando la casa de San Martín llegamos a la última puerta la de “ San Vicente “,majestuoso, umbral de los antiguos caballeros y soldados que llegaban o partían a guerrear. Comparte hidalguía con la del alcázar; entrada también de los enamorados de siempre y boca a la gran basílica románica, porticada, vasta y celestial.
Se acabó nuestro paseo, te veo sonriente, amable y feliz. Quizás tu también ya estás enamorado de mi entrañable ciudad gris y de mis veneradas murallas... Mi amigo cuando vuelvas, por qué volverás, seguiremos caminando y te enseñaré muchas y muchas maravillas de esta única ciudad...
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