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eljuglardetelares

La subasta de la Virgen

 
La Virgen de mi barrio, el barrio decano de la señorial Ávila es la del “ Consuelo “, la que se conoce popularmente por la Virgen de San Esteban; la pequeña ermita preside con donaire los dominios del barrio, muchos de los actuales abulenses que hoy viven en otros barrios de la ciudad, nacieron aquí, en el barrio, a la vera de nuestra madre del Consuelo, y cada quince de agosto vuelven a su ermita para pasar un rato con su madre guapa. Ya os conté en otras ocasiones que mis padres eran del barrio y muy devotos de la Virgen por lo cual desde muy pequeño tengo recuerdos de la fiesta de cada verano. Debería tener poco más de cinco o seis años y ya me llevo mi padre a la procesión, el iría al principio con una vara y otro muchacho mayor que yo, con una bandeja, pidiendo a las personas que presenciaban la procesión; yo iba con un cesto de rosquillas, adornado con un paño de ganchillo, era el regalo de alguna mujer de cualquier cofrade que con gusto las ofrecía para la subasta, llegamos con la Virgen a la iglesia de Santa Ana, actualmente la sede de la Junta de Castilla y León, allí se dejaba la Virgen y los regalos para la subasta que los niños y zagales llevábamos con cariño e ilusión durante toda la mañana y por la tarde los volveríamos a portar hasta la casa de nuestra madre, hasta la ermita.
 
Más o menos media hora tardaba la imagen en quedar ubicada en su trono, con las flores y los ofrecimientos de sus hijos. Una jota que tocaba la gaitilla y el tamboril nos avisaba que la “ subasta “ iba a comenzar; a la izquierda de la puerta, a la salida de la ermita se ponía un a gran mesa, a su lado una silla que hacía de paso para acceder a la mesa y estar más altos que los demás para mejor poder vocear los regalos y los dineros que se ofrecían por ellos. El señor Urbano, mi tío Juan y mi padre se turnaban subiendo a ofrecer los regalos de nuestra Virgen, mi primo, mis amigos y yo nos pasábamos el largo tiempo que duraba el evento gateando  hacia la cima del podio sin lograr llegar, pues si alguno estaba punto de llegar los mayores nos impedían lograr el premio. En aquellos años no se marchaba la mayoría de los abulenses de vacaciones, el quince de agosto era una fiesta importante y todos bajaban con sus hijos a rezar y bastantes participaban en la subasta y se llevaban la cuesta arriba los regalos que obtuvieron por la puja de muchos para cada regalo. Ya de noche y acabada la subasta, mientras que los contadores hacían las cuentas sonaba la gaitilla  y se bailaba a su son con buena alegría; el baile empezaba y terminaba con un pasodoble que siempre al escucharlo recuerdo mi fiesta, era “ España Caní “.
 
Pasados los años y ya era un zagal que ahora llevaba en la procesión regalos con más peso como podían ser sandias o melones, asistíamos a la subasta más alejados de la mesa y si los mozos mayores se quedaban con alguna sandia o algún melón nos invitaban a degustarlos sentados en el pollo de piedra de la entrada de la iglesia; a la hora del baile nos fijábamos en las muchachas de nuestra edad y los más atrevidos hasta echaban una vuelta con ellas.
 
Ya en estos últimos años  ha vuelto nuestra fiesta del barrio con mucho ímpetu y ganas de superarnos cada año. Del triduo se pasa al quinario para estar mas días con la Virgen, la procesión acaba en san Juan, después del recorrido habitual con paradas en la Academia, el Ayuntamiento, las adoratrices y San José don las carmelitas desde su clausura le cantan con fervor. Por la tarde desde San Juan baja a su casa con una parada en Monsen Rubí, allí le saludan las  monjas dominicas, y al entrar a su casa se subastan los banzos y la entran aquellos devotos que lograron quedarse con ellos. También hay subasta, a la vera de la casa de Pilar con sillas y a la sombra para que n se canse la gente; Beatriz desde su balcón adornado con la bandera de España sigue la subasta con atención. En los últimos años se ha pasado la subasta a la parte este de la ermita y con la megáfono, para no gritar tanto se subastan los regalos, que no van en la procesión, se quedan en la sacristía y se sacan en el momento oportuno. La subasta es larga casi hasta las diez de la noche. Desde esta tarima habrá atracciones para el fin de fiesta. Han cambiado los tiempos y muchas cosas en nuestra fiesta, pero sigue y siempre seguirá la subasta de la Virgen

 

 

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