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RECUERDOS

Mi Primera Comunión

En las Navidades del año cincuenta se decidió que el año nuevo sería importante para mí, mis padres y mis abuelos acordaron que tomaría la comunión, era pequeño pues tendría siete años recién cumplidos; en el año cincuenta y uno caían las fiestas muy tempranas, la “ Ascensión “ fiesta que se celebraba por todo lo alto tenia fecha para el día tres de mayo, mi cumpleaños, y el día del “ Corpus “ sería el veinticuatro de mayo, ese seria el gran día... El día de mi primera comunión. A mí me ilusionaba la propuesta de la familia, la tomaríamos juntos muchos compañeros y amigos del colegio y lo haríamos en la iglesia de Monsen  Rubi; éramos pequeñajos e íbamos al colegio de la “ Capilla “ con las monjas Dominicas. Mi vecino Antonio, un año mayor que yo, era inseparable en aquellos días y la tomaríamos juntos el mismo día.

 

Después de pasar los “ Reyes “ al volver al colegio, mi primera tarea fue hablar con “ Sor Tomasina “ nuestra profesora, le expuse las razones por las que quería hacer la comunión, las comprendió y me aceptó en el grupo de los elegidos, mis compañeros de curso tenían un año más que yo y estaba en su curso desde que comenzamos a ir a “ la capilla “, pensé... seré muy inteligente, nunca nadie me aclaró las razones. La buena de Sor Tomasina, me quería mucho,  puso especial interés en prepararme pues los otros empezaron su preparación en octubre, no tuve dificultad en ponerme al día en poco tiempo y seguir con todos la llegada del día señalado. Éramos seis los mosqueteros  para aquel año Luis Miguel, Antonio, Juan José, Luis, Jesús y yo... A la mayoría les he perdido el rastro, no viven en Ávila.

 

La víspera del Corpus, nos confesó por segunda vez don José Muñoz Luengo, entonces capellán del convento, en casa veía la preparación de los dulces y comida para el ágape de la fiesta, como estaba nervioso mi madre me mando a casa de mi abuela, allí cogí una rabieta pues no quería enseñarme el regalo que me tenía preparado. Entre otras cosas me dijo que era un desobediente y mi comportamiento no era digno  de alguien que estaba confesado... Esta insinuación me hirió mucho y desde entonces mi abuela fue distinta para mí; lloré a escondidas y pasé la peor noche de mi vida. A llegar a la iglesia y antes de ensayar a la espera de los invitados, busqué al capellán y le conté mi tragedia... Se rió, me abrazó y me susurró al oído...” estate tranquilo comulga con todas las ganas de tu alma, ¡ojala fueran así los peores pecados!... “ no le entendí entonces pero me quede nuevo y con ganas de comerme el mundo.

 

Después de la misa que fue a las nueve para no pasar hambre en el ayuno obligatorio de entonces para comulgar, Sor Tomasina se retrató con nosotros en el jardín del convento, después un buen desayuno en casa con chocolate, picatostes, churros,  muchos dulces y pasteles; no duró mucho por que a las doce teníamos que ir a la ” procesión del  Señor ” por las calles de Ávila y pisar los primeros el oloroso tomillo con las flores moradas puesto a nuestro paso.

 

La comida fue familiar y abundante, ya en los postres mi padre pidió silencio, encendió la radio grande que estaba en el comedor y empezamos a oír los discos dedicados, sé oyó a la locutora decir para mi hijo... en el día de su primera comunión... La canción que sonó era ” La primera comunión “ cantada por Juanito Valderrama. Mi padre estaba emocionado oyendo la canción e imponiendo silencio a todos hasta que terminó,  cuando la escucho recuerdo emocionado en ese día el cariño y la ternura de mi padre orgulloso de su hijo.

 

 

 

 

 

 

 

El nudo de la corbata

Tenía siete años y llegaba el día de mi primera comunión, el traje que mi madre me compró llevaba una corbata blanca y había que elegir una con goma u otra que me gustaba más sin goma,  me salí con la mía como hacia siempre que quería  algo y se oponen tus padres, era muy persuasivo y “ Plasta “. La condición que me impusieron fue que aprendiera a hacer el nudo de la corbata. Aprendí, se encargó de enseñarme, con cariño y satisfacción,  mi “ Abuelo “ y aprendí  el nudo europeo. Después cuado ya era un adolescente, en el “ Colegio Mayor “, estudiando la carrera universitaria, aprendimos todos los compañeros a hacer el nudo americano que estaba de moda por aquel entonces, practicando unos con otros; porque en aquellos años para asistir a las clases de la Universidad era obligatorio ir con americana y corbata. Había profesores que no nos dejaban entrar en sus clases sin la dichosa corbata.

 

Después durante más de treinta años todos los días de trabajo estuve con la corbata sobre mi cuello, ya era una compañera inseparable y cuando no la llevaba parecía que algo me faltaba pues en los días de invierno, cuando hace frío, abrigaba mi cuello igual que si llevase una bufanda. Y ahora me la pongo de guindas a brevas y hoy mientras paseo para llegar  a la consulta de mi médica a recoger unas pastillas y cree mi adorada esposa  que así estando más elegante , con la corbata, me tratará mejor. Cosas de las mujeres pesadas.

 

Mis Hijos nunca quisieron  ponerse corbata durante los años de su adolescencia y juventud, iban descamisados a las fiestas familiares, su madre se ponía de uñas, yo consentía su rebeldía porque pensaba que era un suplicio superar todo un día con corbata sobre todo en el verano, que era el tiempo de las fiestas, los bautizos, las comuniones, las bodas, etc. La primera vez que, David mi hijo mayor, necesito hacer un nudo de corbata fue para hacerse las fotografías de la ” orla “ al acabar la carrera universitaria, alguien se lo haría pues no aprendió; la foto con la “ toga “ presenta la corbata negra y con el nudo bien hecho. Si necesitaba ponerse corbata  en alguna ocasión, pues  siempre ha sido elegante y presumido, era yo quien le tenia que hacer el  nudo y Fernando, el pequeño tampoco aprendió a hacerlo hasta bastante tiempo después. Desde su primer trabajo, en Madrid, de ejecutivo, ha necesitado la corbata como uniforme de trabajo, tuve que hacerle los nudos todos los domingos a la hora de marcharse, hacía en cinco corbatas diferentes, una para cada día, no repetía corbata en la semana, , su segundo trabajo lo tuvo aquí, y cada mañana me levantaba de la cama para que le hiciese el nudo, era muy exigente pues si no le gustaba tenía que hacerlo otra vez y además unos días quería  el ” nudo europeo “  y otros “ el nudo americano “.

 

Al  marcharse a Madrid por un nuevo trabajo, tuvo un gran problema y prometió aprender a hacer el nudo, no tenía prisa y la fecha de su marcha se acercaba, una mañana tuve que ir, muy temprano, a la consulta del medico,  se me olvidó dejarle hecho el nudo de la corbata; me llamó al móvil cuando entraba a ver al médico, la dije que fuera al bar donde pensaba desayunar cuando acabase con la consulta. Estando en la barra del ” Portalón “ que era el bar elegido para tomar un café descafeinado con una tostada integral con aceite de oliva, volvió a sonar el móvil era de nuevo la su madre y me indicaba que salía de casa y estaría en el ” Chico “ enseguida, salí a la plaza a esperarle. Llegó  enseguida, aparcó cerca del bar, una vez parado subí al coche y en el asiento de acompañante me puse a hacerle el nudo de la corbata; le pregunté cual quería y me respondió que el americano, el más difícil. Saqué la corbata por mi cabeza y él se la puso sobre el cuello de su camisa. Mientras hacíamos esta operación sonaba en la radio un tema de Sabina “ Noche de bodas “, un hombre, de pie, esperando a alguien se fijó en nosotros esbozando una sonrisa. Aquel día después de comer me dio otra corbata y después de hacerle el nudo, proteste y su respuesta fue, me la he manchado; la corbata del bar era una de rayas, italiana que se la trajo su hermano de un viaje que hizo allí. Acabó aprendiendo a hacerle, aunque todavía no le haga bien.

 

Recuerdos de viejo NO - DO

Os he contado muchas veces historias sobre los cines de nuestra ciudad en la década de los cincuenta, de sus películas, de las aventuras que viví en ellos en los años citados. Hace mucho tiempo que no escucho una melodía que servia de sintonía para anunciar las imágenes de cabecera que se proyectaba un documental de noticias, mejor dicho nos prevenía para avisarnos que empezaba el NODO.
 
 En aquellos años las noticias que nos llegaban lo hacían de forma oficial y única por parte de los gobernantes de la dictadura, nos parecían buenas, creíbles; aunque en el fondo nos hacían desconfiar, los que éramos aficionados al cine veíamos diferencias importantes en el camino de llegada, en América lo hacían de forma más creíble. Uno de las vías de comunicación y la única audiovisual era el NODO. Técnicamente se trataba de un documental, en blanco y negro hasta los últimos años reemisión en que aparecen ediciones especiales en color y dentro de un número determinado algún reportaje también en color, de aproximadamente diez minutos de duración, reeditaban dos números quincenales se después del número de edición aparecía la letra A o B en los títulos de crédito al comenzar su proyección. Después de apagarse las luces de los cines aparecía en la pantalla el escudo “nacional “ era el águila imperial de la época de los reyes católicos adaptado como emblema del” movimiento “ en la dictadura y nos enseñaban en la obligatoria asignatura del bachiller F. E. N. – Formación del Espíritu Nacional – que ni era formación ni tenia espíritu, que era el escudo nacional de nuestra España; mientras que la sintonía a tope de volumen invadía nuestros oídos, sobre el escudo aparecían cinco filas cada una con una sola palabra en mayúsculas con este orden que aun recuerdo: NOTICIARIO – DOCUMENTALES – CINEMATOGRAFICOS – NO + DO – PRESENTA. A continuación comenzaban las noticias.
 
Antes de la llegada de la Televisión a todo el territorio nacional al ver el NODO nos enterábamos, más o menos de los acontecimientos que pasaban en nuestro país. Los temas eran diferentes, en el comienzo aparecían noticias políticas como podían ser las inauguraciones del caudillo, sus pantanos las más veces, la llegada de algún visitante ilustre que visitaba a la España en prospero crecimiento, eso nos decían aunque era muy difícil de creer. Después de algunos reportajes de noticias religiosas que abundaban mucho o de temas de cotilleo, que en aquellos días llamaban noticias de sociedad, estas se daban de una forma más suave de como salen de la pantalla de la Tele en nuestros días. Terminaba el noticiario con la sección deportiva que era la que más nos gustaba a los adolescentes.
 
 El ver al entrar en los cines el Nodo era entrañable y cotidiano aunque a veces si andábamos mal de tiempo le sacrificábamos y entrábamos después del descanso a ver la película, yo pocas veces me le perdía. Finalizada la proyección llegaba en los cines en añorado descanso y salíamos al ambigú a fumarnos un cigarrillo o tomar algún refresco. Los diez minutos del descanso era un tiempote carla y contacto con los conocidos que iban ese día al cine para ver la misma película que nosotros. Después ya con la tele, los “ telediarios “,más largos, eran una replica del Nodo en sus forma y en sus contenidos. Muchos recuerdos tengo de mi admirado NODO, en él seguí las conquista de las cinco copas de Europa que ganó mi Real Madrid. También los comentarios los ponían las más famosas voces de la Radio y la Televisión, como las de David Cubedo, Ángel Álvarez José Luis Peker y Matías Prats en poscomentarios deportivos. Cuando ahora voy  a una de las salas de los multicines me apena  la falta de mi amado NODO.
 

 

 

 

El niño Jesús de Praga

En mi barrio mirando al gran olmo esta la iglesia de la “ Santa “.  En ella aprendimos, de la mano de nuestros padres, a rezar, a ir a misa, a  ser buenos cristianos, ese era el sentimiento que los padres de entonces daban y era la educación que inculpaban a sus hijos. En la “ Santa “ conocí al “ Padre Segundo “, era el fraile de moda en aquella época, sus sermones desgarradores desde el púlpito llenaban la iglesia delos hombres y mujeres ansiosos de escucharle. En la misa de once y cuarto que él celebraba, los pasillos estaban siempre llenos de fieles en todas las épocas del año.

 

El padre Segundo, un fraile joven, con ganas de dar a todos los demás su energía, sus ganas de vivir. Tomó la cofradía del “ Santísimo Niño Jesús de Praga “ haciendo cofrades a todos los niños del barrio, a la mayoría. Todos éramos carne y uña con él. Todos los meses teníamos un domingo dedicado al “ Niño “. A las seis de la tarde, después de merendar en invierno, nos reunía a todos los muchachos en la iglesia para rezar al niño. Colocados ambos lados vigilaba a todos para que hablásemos y para que estuviéramos atentos a los rezos que venían desde el púlpito, de vez en cuando se escapaba algún capón cariñoso que imponía un silencio total. En unas pequeñas andas estaba colocado el “ Niño Jesús “ y terminados los rezos  lo sacábamos en procesión por la plazuela de la Santa, nos pegábamos por ser los elegidos para tomar las andas sobre nuestros hombros.

 

Terminada la procesión y dejado el “ Niño “ sobre la mesa que sostenía a las andas, recibíamos el premio. Un premio maravilloso para los chaveas de entonces. En el salón de la puerta de al lado estaba el salón, en el nos ponían cine, “ cine mudo “  pero genial. El gran mago que ponía en marcha la maquina era el “ Padre Eufrasio “. Para nosotros era un sabio; una vez nos introdujo en el convento, llevándonos  a su laboratorio, molaba mucho, nos dejó alucinados. Allí vi un grabador de voces, nos lo probó y dijo que mi voz era muy buena, me puse más contento que unas castañuelas, estuvo más de una hora explicándonos todos los aparatos. Las películas del cine eran todas de mucha risa, duraban cada una veinte minutos y mientras cambiaba de rollo, gritábamos y nos lo pasábamos bien. Las había del “ Gordo y el Flaco “, de “ Carlot “ y de otros cómicos que hacían muchas gansadas.

 

Por las navidades del día veinticinco de diciembre al uno de enero era la novena anual del “ Niño de Praga “ y todas las tardes a las seis acudíamos a nuestra cita, en esta época la procesión se cambiaba por el ensayo de villancicos; un fraile cantaba y el padre Segundo vigilaba y repartía capones para los que no estábamos a la faena. Un villancico de los que ensayábamos impactó en mi siempre que lo oigo renacen en mi estos recuerdos que estoy contando, era  “ Campana sobre Campana “. Al terminar la novena adorábamos al niño del portal  cantándole los villancicos.

 

El padre Celestino sucedió en esta misión con los chavales al padre Segundo que ascendió, eso nos dijeron; se hizo buen amigo nuestro y hasta compró una máquina de cine sonoro que él mismo manejaba, recuerdo entre otras películas que nos puso “ el milagro de Fátima “, fue la primera vez que lloré en el cine, después lloré muchas veces y no me duele decirlo. El cine sonoro fue genial, pero yo sinceramente añoraba las tardes de las películas y risas del cine mudo. 

La subasta de la Virgen

 
La Virgen de mi barrio, el barrio decano de la señorial Ávila es la del “ Consuelo “, la que se conoce popularmente por la Virgen de San Esteban; la pequeña ermita preside con donaire los dominios del barrio, muchos de los actuales abulenses que hoy viven en otros barrios de la ciudad, nacieron aquí, en el barrio, a la vera de nuestra madre del Consuelo, y cada quince de agosto vuelven a su ermita para pasar un rato con su madre guapa. Ya os conté en otras ocasiones que mis padres eran del barrio y muy devotos de la Virgen por lo cual desde muy pequeño tengo recuerdos de la fiesta de cada verano. Debería tener poco más de cinco o seis años y ya me llevo mi padre a la procesión, el iría al principio con una vara y otro muchacho mayor que yo, con una bandeja, pidiendo a las personas que presenciaban la procesión; yo iba con un cesto de rosquillas, adornado con un paño de ganchillo, era el regalo de alguna mujer de cualquier cofrade que con gusto las ofrecía para la subasta, llegamos con la Virgen a la iglesia de Santa Ana, actualmente la sede de la Junta de Castilla y León, allí se dejaba la Virgen y los regalos para la subasta que los niños y zagales llevábamos con cariño e ilusión durante toda la mañana y por la tarde los volveríamos a portar hasta la casa de nuestra madre, hasta la ermita.
 
Más o menos media hora tardaba la imagen en quedar ubicada en su trono, con las flores y los ofrecimientos de sus hijos. Una jota que tocaba la gaitilla y el tamboril nos avisaba que la “ subasta “ iba a comenzar; a la izquierda de la puerta, a la salida de la ermita se ponía un a gran mesa, a su lado una silla que hacía de paso para acceder a la mesa y estar más altos que los demás para mejor poder vocear los regalos y los dineros que se ofrecían por ellos. El señor Urbano, mi tío Juan y mi padre se turnaban subiendo a ofrecer los regalos de nuestra Virgen, mi primo, mis amigos y yo nos pasábamos el largo tiempo que duraba el evento gateando  hacia la cima del podio sin lograr llegar, pues si alguno estaba punto de llegar los mayores nos impedían lograr el premio. En aquellos años no se marchaba la mayoría de los abulenses de vacaciones, el quince de agosto era una fiesta importante y todos bajaban con sus hijos a rezar y bastantes participaban en la subasta y se llevaban la cuesta arriba los regalos que obtuvieron por la puja de muchos para cada regalo. Ya de noche y acabada la subasta, mientras que los contadores hacían las cuentas sonaba la gaitilla  y se bailaba a su son con buena alegría; el baile empezaba y terminaba con un pasodoble que siempre al escucharlo recuerdo mi fiesta, era “ España Caní “.
 
Pasados los años y ya era un zagal que ahora llevaba en la procesión regalos con más peso como podían ser sandias o melones, asistíamos a la subasta más alejados de la mesa y si los mozos mayores se quedaban con alguna sandia o algún melón nos invitaban a degustarlos sentados en el pollo de piedra de la entrada de la iglesia; a la hora del baile nos fijábamos en las muchachas de nuestra edad y los más atrevidos hasta echaban una vuelta con ellas.
 
Ya en estos últimos años  ha vuelto nuestra fiesta del barrio con mucho ímpetu y ganas de superarnos cada año. Del triduo se pasa al quinario para estar mas días con la Virgen, la procesión acaba en san Juan, después del recorrido habitual con paradas en la Academia, el Ayuntamiento, las adoratrices y San José don las carmelitas desde su clausura le cantan con fervor. Por la tarde desde San Juan baja a su casa con una parada en Monsen Rubí, allí le saludan las  monjas dominicas, y al entrar a su casa se subastan los banzos y la entran aquellos devotos que lograron quedarse con ellos. También hay subasta, a la vera de la casa de Pilar con sillas y a la sombra para que n se canse la gente; Beatriz desde su balcón adornado con la bandera de España sigue la subasta con atención. En los últimos años se ha pasado la subasta a la parte este de la ermita y con la megáfono, para no gritar tanto se subastan los regalos, que no van en la procesión, se quedan en la sacristía y se sacan en el momento oportuno. La subasta es larga casi hasta las diez de la noche. Desde esta tarima habrá atracciones para el fin de fiesta. Han cambiado los tiempos y muchas cosas en nuestra fiesta, pero sigue y siempre seguirá la subasta de la Virgen

 

 

La Fiesta de San Antonio

Todos que nacimos y vivimos en la ciudad de Ávila, hemos pateado una multitud de veces el paseo de San Antonio, el jardín más emblemático de la ciudad, aunque hoy sea un estercolero por causa de las palomas. Ellas, hace más de cuarenta años no ensuciaban sus paseos, preferían estar en sus palomares o en el campo fuera de la ciudad. La fuente del paseo central manaba agua sobre los dos niños que siempre estaban sonrientes y muy mojados; nuestros padres nos enseñaban los peces, algunos de colores que nadaban con altanería sobre el gran fondo circular. Siempre que nos acercábamos al estanque en verano, mojábamos nuestras manos ofreciéndoselas a los pececillos en son de amistad, no eran pirañas y nunca nos lastimarían. Ahora en muchos de mis cotidianos paseos por mi ciudad pasó por ella y siento algo diferente, siento una pasión que solo da la ciudad y esta fuente.

 

Donde ahora están unas figuras geométricas en el espacio para que los más jóvenes disfruten y los menos jóvenes atrevidos se mantengan en forma, no había nada, era pleno campo  con sus piedras y sus musgos, para ser escaldas por los muchachos intrépidos. En los calurosos domingos de verano nos llevaban de “ merienda “  a este lugar. La ensaladilla rusa los filetes empanados y una buena tortilla de patatas eran los deliciosos manjares que devorábamos entre los juegos y las carreras, nos juntábamos varias familias del barrio, vecinas, con sus proles  que éramos todos conocidos y más o menos amigos, disfrutábamos mucho mientras intercambiábamos las meriendas y nos gustaban más las de los otros amigos.

 

Recuerdo la fiesta de San Antonio del año cincuenta y dos, vestido de “ comunión “ llegué a la iglesia del santo para acompañarle. La procesión en aquellos días, después de un buen camino entraba en la estación del ” tren “; y entonces el gran momento, me temblaba la mano que sostenía la cinta del estandarte cuando todas las locomotoras empezaron a “ pitar “durante unos minutos  para homenajear a San Antonio que era, entonces, su patrón; tanto las maquinas de “ carbón “, las que iban por la vía de Salamanca, como las “ eléctricas “ para ir a Valladolid y Madrid sonaban a tope en la alegre y calurosa tarde, tenía un gran deseo, soltarme del estandarte, correr y subir a la máquina para ayudar al maquinista  en la misión de hacer sonar más y más fuerte.  Después de la esperada parada volvíamos a la iglesia, despacio y contentos por que San Antonio había bendecido a todos los trenes y ninguno de los que allí se encontraban descarrilaría.

 

Cansados de la procesión  y ya casi anocheciendo, llegó la esperada “ merienda “. Ensaladilla y un buen trozo de tortilla de patatas con pan en abundancia y sandia de postre. Fuimos los amigos a la fuente y nos empapamos de agua... El traje blanco de la comunión quedó irreconocible y la bronca que me echaron fue de órdago, pero no importó, había pasado una tarde genial y que nunca olvidaría. También mis amigos se mojaron sus trajes blancos y algunas de las amigas más atrevidas. Una foto muy arrugada es testigo de las citadas hazañas, da fe de la gran mojada.

 

La fuente ahora seca fue, según mi madre  la causa de que tuviera el Sarampión, la fuente no, el agua pudo ser algo culpable... Me broto aquella noche y en los días que pase en la cama escuche en la radio una canción “ El cha... cha...  cha... del tren “ no recuerdo a sus interpretes de entonces. En nuestros días “ Consocio “ lo canta y siempre que llegan sus notas a mis oídos renacen las ilusiones vividas en la fuente y en el precioso jardín de San Antonio.

 

 

 

 

Mi primera comunión

En las Navidades del año cincuenta se decidió que el año nuevo sería importante para mí, mis padres y mis abuelos acordaron que tomaría la comunión, era pequeño pues tendría siete años recién cumplidos; en el año cincuenta y uno caían las fiestas muy tempranas, la “ Ascensión “ fiesta que se celebraba por todo lo alto tenia fecha para el día tres de mayo, mi cumpleaños, y el día del “ Corpus “ sería el veinticuatro de mayo, ese seria el gran día... El día de mi primera comunión. A mí me ilusionaba la propuesta de la familia, la tomaríamos juntos muchos compañeros y amigos del colegio y lo haríamos en la iglesia de Monsen  Rubi; éramos pequeñajos e íbamos al colegio de la “ Capilla “ con las monjas Dominicas. Mi vecino Antonio, un año mayor que yo, era inseparable en aquellos días y la tomaríamos juntos el mismo día.

 

Después de pasar los “ Reyes “ al volver al colegio, mi primera tarea fue hablar con “ Sor Tomasina “ nuestra profesora, le expuse las razones por las que quería hacer la comunión, las comprendió y me aceptó en el grupo de los elegidos, mis compañeros de curso tenían un año más que yo y estaba en su curso desde que comenzamos a ir a “ la capilla “, pensé... seré muy inteligente, nunca nadie me aclaró las razones. La buena de Sor Tomasina, me quería mucho,  puso especial interés en prepararme pues los otros empezaron su preparación en octubre, no tuve dificultad en ponerme al día en poco tiempo y seguir con todos la llegada del día señalado. Éramos seis los mosqueteros  para aquel año Luis Miguel, Antonio, Juan José, Luis, Jesús y yo... A la mayoría les he perdido el rastro, no viven en Ávila.

 

La víspera del Corpus, nos confesó por segunda vez don José Muñoz Luengo, entonces capellán del convento, en casa veía la preparación de los dulces y comida para el ágape de la fiesta, como estaba nervioso mi madre me mando a casa de mi abuela, allí cogí una rabieta pues no quería enseñarme el regalo que me tenía preparado. Entre otras cosas me dijo que era un desobediente y mi comportamiento no era digno  de alguien que estaba confesado... Esta insinuación me hirió mucho y desde entonces mi abuela fue distinta para mí; lloré a escondidas y pasé la peor noche de mi vida. A llegar a la iglesia y antes de ensayar a la espera de los invitados, busqué al capellán y le conté mi tragedia... Se rió, me abrazó y me susurró al oído...” estate tranquilo comulga con todas las ganas de tu alma, ¡ojala fueran así los peores pecados!... “ no le entendí entonces pero me quede nuevo y con ganas de comerme el mundo.

 

Después de la misa que fue a las nueve para no pasar hambre en el ayuno obligatorio de entonces para comulgar, Sor Tomasina se retrató con nosotros en el jardín del convento, después un buen desayuno en casa con chocolate, picatostes, churros,  muchos dulces y pasteles; no duró mucho por que a las doce teníamos que ir a la ” procesión del  Señor ” por las calles de Ávila y pisar los primeros el oloroso tomillo con las flores moradas puesto a nuestro paso.

 

La comida fue familiar y abundante, ya en los postres mi padre pidió silencio, encendió la radio grande que estaba en el comedor y empezamos a oír los discos dedicados, sé oyó a la locutora decir para mi hijo... en el día de su primera comunión... La canción que sonó era ” La primera comunión “ cantada por Juanito Valderrama. Mi padre estaba emocionado oyendo la canción e imponiendo silencio a todos hasta que terminó,  cuando la escucho recuerdo emocionado en ese día el cariño y la ternura de mi padre orgulloso de su hijo.

 

 

El teatro Principal

      Hace algunas semanas tuve el honor de visitar la bella y castellana ciudad de Zamora, el Ayuntamiento de esta ciudad nos recibió en un coqueto teatro principal, llamado “ la bombonera “ por todos los zamoranos. Dentro de unos meses cumplirá cuatrocientos años y piensan todos sus habitantes celebrarlo a lo grande, es pequeño pero con todos los requisitos y exigencias de los mejores teatros, su patio de butacas, los palcos de proscenio, los de anfiteatro las plateas y tres pisos; el telón era impresionante con pinturas alegóricas a su ciudad  y a los años pasados, sus miradores, agujeros disimulados para que los actores vean al público a telón cerrado. Quisiera ser zamorano, vivir en esta bonita ciudad y poder disfrutar de este teatro ideal. Sentí una gran envidia sana y a la vez un gran enfado que me duró varios días.
        Pensaba en nuestro añorado “ teatro principal “.Por qué no se conservó  y restauró para poder disfrutar en nuestros días de un teatro clásico y bonito todos los abulenses amantes del arte de Talía, que pena que ahora no lo tengamos. En fin ya no valen lamentaciones y pienso que no hizo buen negocio la empresa que acabó con él, pues aparte de un no muy grande bar de copas no hay en su dependencias ninguna otra utilidad. Fuimos cobardes los abulenses para que se llevara a efecto la canallada de destruirlo. Recuerdo el primer teatro principal con todos sus palcos laterales, el patio de butacas y sus tres pisos; en aquel escenario fue mi debut teatral como actor, utilizamos sus antiguos camerinos durante dos días todos los compañeros de curso que teníamos que representar la obra, no recuerdo su titulo, era un tema apropiado para estudiantes de la “galería salesiana “.
       El trama exponía la vida de algunos estudiantes que compartían casa, lo que más claro tengo de la  intervención en el sainete en gran debut, tenía que entrar y hablar con dos compañeros que estaban preparando  una noche de juerga  y algarabía, entraba cantando y elegí una canción de moda en aquella época de Domenico Moduño “ Volare..” , mi voz para cantar es nula y la carcajada del público al oírme fue unánime, después que pasaron las risas y ya en el escenario decía: _el español cuando canta o rabia o no tiene blanca ...Y yo vengo aquí como un cesante hambriento ... -   El sainete tuvo éxito hasta nos auguraron un gran porvenir en el arte de las tablas. Siempre que oigo este tema, que es una gran canción y que me priva, recuerdo a mi soñado teatro principal.
        También pienso en la primera reforma que le hicieron  para poder proyectar en él el novedoso “ cinemascope “ y fui a ver esa primera película de esta modalidad, era una del oeste “ El jardín del diablo “. La película fue una pasada, un sonido impresionante, nada con el actual de las salas de los multicines, y las imágenes eran más grandes y claras, pero habían desgraciado para siempre el teatro el teatro, le quitaron los palcos laterales, casi todo el escenario, no me gustó entonces y ahora cada vez que lo pienso me subleva que el “ séptimo arte “ llegase arrasando al querido “ arte de Talía “. 
        El negocio cinematográfico en nuestra ciudad por aquellos años fue grande y posteriormente un empresario fuerte se cargó casi todas las salas de la ciudad bajándolos precios de las entradas y llegó así el cierre del teatro que en años posteriores  fue interiormente demolido para hacer pisos, apartamentos y oficinas; gracias a Dios dejaron la fachada principal con los balcones preciosos que lo presidía y la puerta, ahora en mal estado.
         De esas dos puertas entonces una era para el teatro y la otra para el salón de baile, el mejor día para ir aligar era el jueves. Me contaba mi padre que en el salón de baile, antes de la guerra, era la cita del gran baile del carnaval que en los años treinta se celebraba con gran auge. Que gran teatro tendríamos si se hubiese remodelado, si alguien hubiera pensado en unir el baile del “ tranca “ y el teatro. Mi soñado teatro principal.