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eljuglardetelares

A mi ella

Cuanto tiempo ha pasado,

Mirándote…

Viendo…

Tu caminar diario hacia la escuela,

soñando la ocasión de verte feliz

entre los seres que nacen solo para vivir,

y ser los más felices

en su sueño eterno de infancia…

 

Besándote…

En la pena cada vez que los malditos

llegan a ti dándote

falsas esperanzas de una vida mejor…

 

Vagando…

Día a día, esperando el milagro

que nunca llegará.

Noche a noche acompañado

de mis lagrimas,

vuelvo a soñar en estar juntos

y solos viviendo ya la eternidad.

 

Muchos años de templanzas

son mi felicidad.

Las  rosas rojas  son mi pasión.

Aquellos  besos largos son mi saciedad.

Las lágrimas tuyas son mi pesar.

 

Para tu nueva vida qué vas a empezar

te ofrezco que

 

Vuelvas  a ser fresca y simple.

Vuelve a ser mi siesta de deseos.

Dame siempre el amparo de tu auxilio

para ofrecerte yo mi sabia, mi pasión,

todas las estaciones y  más

serán para prometerte junto a mi.

 

Y ahora qué…

Empezarás a vivir…

Serás el dulce sueño de la juventud…

O serás los engaños de otra vida falsa,

sin sentimientos.

Estarás cerca de mí…

O te irás a buscar el olvido

por caminos de falsedad.

El final del verano

El tiempo no ha pasado,

el tiempo se paró…

 

Se paró…

 Aquella noche húmeda de junio,

al cruzarse dos miradas

consintiendo el no…

 

Se paró…

En los tiempos,

alegres de juventud y

tristes de valor…

 

Se paró…

En la mente falsa,

de unos sentimientos

verdaderos del amor…

 

Se paró…

En un cruce necio de caminos

que obligó la sinrazón…

 

Se paró…

En la vida sin sentimientos,

en el olvido de la ilusión…

 

Y después…

acabó la parada falsa

de la prisión…

 

Y entonces…

Los recuerdos y las esperanzas

 volvieron dando sentimientos

al corazón…

 

Y entonces…

El ardor dormido,

 retomó los ímpetus

de la juventud…

 

 

Y entonces…

Volvieron los besos,

 las caricias,

 los días deseados,

 las noches sentidas…

 

Y entonces…

Empecé a vivir,

a soñar,

a anhelar,

sencillamente a amar…

 

Y entonces…

Se borraron tiempos perversos  

de espera,

de desilusión,

de absurda adoración…

 

Entonces, siempre y ahora se…

 Que tuvimos pasión,

que tuvimos ilusión,

que tuvimos simplemente amor…

 

Y soñando…

Al caer la  tarde descubrí

que era la última,

era el final del verano…

Las escapadas por el campo

     En los  años inolvidables de nuestra adolecía eran siempre los mismos escenarios en cada verano, al llegar los días de calor la pandilla que formábamos Nines, Antonio, Jose, Marcial y algunos más; teníamos muy claro las actividades que realizábamos durante el verano. En la mañana, los que tenían la obligación de estudiar iban a las clases particulares e intentaban aprovechar lo que durante el curso no pudieron. Los otros, casi siempre Antonio y yo que nunca suspendíamos en junio y algún otro; sin madrugar y después de un sabroso desayuno de cola cao y rebanadas fritas, sobre las once nos encaminábamos al paseo del rastro, ya en el rastro chico sacábamos de la biblioteca, ahora la caseta que está al final del paseo, algún libro de aventuras o una selección de tebeos encuadernados y en los duros bancos de madera, a la sombra de los copiosos árboles nos pasábamos la mañana leyendo y disfrutando de las aventuras que nos ofrecían los libros. Si no acabábamos el libro en la mañana nos fijábamos en el libro para sacarlo al día siguiente y poder continuar la lectura; siempre nos hacíamos amigos de los encargados de entregar libros y nos los guardaban para nosotros si antes de llegar al jardín alguien se los pedían.
      En la tarde la pandilla era más numerosa, estábamos todos y alguna tarde llegamos a ser hasta ocho o diez amigos del barrio; era el tiempo de “la escapada“ y los lugares preferidos para hacerlo eran o bien el monte y las grandes piedras que había pasado el puente andando un buen rato, donde hoy se conoce por el cerro de San Mateo y en la zona posterior, las grandes piedras hacían cuevas con entradas más o menos difíciles entre matorrales y pocas sombras. En este lugar nuestro juego preferido era formar dos grupos mandados cada día por uno diferente que iban eligiendo a sus componentes del equipo; después se sorteaban las dos cuevas más grades que seria el lugar de cada equipo y se daba un tiempo de media hora para que cada uno se guardase en el equipo que le tocó guardarse mientras los otros buscarían a los escondidos durante una hora. Cuando era sorprendido alguno se le llevaba  a la cueva de los buscadores y al final se les “torturaba  amigablemente, se le pedía un tributo a su equipo para luego gastarlo entre todos, o bien si le fatigábamos al mayor castigo se le hacían cosquillas en la planta de los pies duraran  algunos minutos sin permitir que se defendiese. Cada día y por sorteo un equipo se guardaba y el otro buscaba y torturaba a los encontrados; si mientras era el tiempo de tortura aparecía algún compañero suyo se cambiaban las tornas y el torturado era el torturador.
       El otro lugar para la salida de las tardes calurosas era ir a bañarnos al soto, tardábamos desde el barrio media hora en llegar al principio del parque, entonces parecía un bosque. Buscábamos un lugar aislado y solitario entre los mimbrales a la vera del río; allí nos desnudábamos y los que teníamos bañador nos lo poníamos, si alguno no lo llevaba tenia dos alternativas o bañarse en “ cayumbos “ o en pelota viva los menos quisquillosos lo hacían así y los otros volvían a casa llevando sus cayumbos en la mano. No había peligro de ahogarnos pues en la zona del baño el rió cubría, como mucho, medio metro. En el agua jugábamos, nos chapuceábamos y disfrutábamos como enanos; después de secarnos al sol tumbados en la arena o en el prado esperábamos hasta el anochecer para emprender la vuelta sin soportar el calor del verano.

       He vuelto a pasar por el cerro de San Mateo y muchas veces por el soto en los veranos cuando el Adaja apenas trae agua y siempre siento nostalgia de aquellos años tan tontos y a la vez tan felices de mis primeros descubrimientos de la vida y sus pasos a través de los años. Pasó la adolescencia y en mi juventud volví al soto a bañarme y a escuchar música y bailar con las amigas, la pandilla se componía de hombres y mujeres aprendiendo a bailar los ritmos de moda teniendo como cómplice un tocadiscos de pilas y los discos de vinilo

      Al llegar una noche, en aquellos días, mientras sonaba en la radio la canción de Antonio Molina “ María de los Remedios “; mi padre me miró con cara muy sería y me pidió que no volviese a llevar al río a nadie si no le dejaban en su casa, uno de la pandilla había confesado nuestras andanzas.

 

El Olmo de la Santa

 

Magno, desmedido, soberano y añejo

eres el estandarte de la plaza;

abrigas a tú amparo el paso de la gente

       y cobijas a todos los que Llegan.

 

       Te contempla y te asiente con dulzura Teresa;

la gloriosa mujer que a tu cara brotó,

y desde su hogar ceniciento y recio de  Ávila guarda,

como tú, a los que arriban

por doquier del mundo a visitarla.

 

Por el arco de la Santa llegan a ti, en los días del estío

caliente de Ávila; las gentes peregrinas con el deseo

del encuentro con Teresa;

pero antes tu sombra les da savia y paz a la entrada,

bajando desde el buen comer del Rastro.

Las judías y la chuleta, han saciado

con holgura los estómagos viajeros.

 

Te ven acogedor y se acercan a ti despacio,

acechando tu sombra para reposar los mágicos

manjares de las tierras castellanas.

Lirios azules desde la muralla al llegar la primavera

te hacen reverencia; mirándote de cerca

y deseando tu cobijo, tienden la mano y

la lealtad por siempre al gran árbol de la plaza.

 

Que te han hecho viejo olmo de la plaza,

queda solo tu tronco, rematado por unos escogidos

vástagos que recuerdan tu esplendor.

 

Volverás a ser vasto y majestuoso.

Volverás a ser el colosal guardián devoto y

       cómplice de nuestra Insigne Teresa.

 

las encinas

Una encina me miraba en la calida tarde de junio,

cuando el sol es la espada que templa los cuerpos,

deteniendo la llegada de la noche,

y dar más sueños a mi pensar.

 

Cerca de la fuente,

que llena los cántaros eternamente,

refresqué mis manos y mi cara,

en el agua aparecía tu efigie,

llena de vida gozando mi olvido,

y te seguía amando más y más.

 

La noche arrollaba sin parar,

el calor caía  y la sinrazón volvía,

para que te continuara implorando,

esperando vanamente

tu milagrosa llegada,

como antes,

como siempre a mis brazos.

 

Ya de madrugada, solo,

Tropezando los troncos de las encinas,

recordé las noches que eran nuestras

y juntos soñábamos la eternidad,

continué caminando por aquellos lugares,

que prometimos nuestros eternamente…

 

Y acepté que se habían acabado,

que nunca ya serían verdad…

 

Mi Padre

      ¿ Cómo era mi padre?.... Ahora que no lo tengo estoy completamente seguro que fue el mejor padre  que jamás hubiese soñado, era serio, distante, ordenado, un padre de los años cincuenta y sesenta del pasado siglo veinte. Solo pensaba en su trabajo, en ser el protector económico de la familia, entonces yo no le quería así, deseaba que fuera mi amigo y más parecía mi jefe; a pesar de todo siempre lo quise con locura y nunca correspondí a los sueños que él quería  para mi.

 

Que bien le comprendo ahora a mis años que son casi sesenta, nunca odió a nadie y si era reservado, la culpa la tuvo una guerra injusta entre hermanos...... “ La guerra “  cuando era pequeño nos contaba sus vivencias en aquellos tres años, a mis hermanos y a mi. Su campaña en La Coruña, en Bilbao, en Navarra y Jaca, cuando le hirieron, en la frente con una bala de los otros, no se dio cuenta hasta que un compañero al verle la sangre se lo dijo. Su convalecencia fue en el hospital de Badajoz. Tenia a orgullo no pasar de soldado, estaba deseando que acabara la horrible contienda; cuando llegaba en su narración a este punto bajaba la voz parecía que tenía miedo a que algún adicto al régimen le oyese, todos los hombres justos de España tenían miedo en la posguerra, sobre todo si habían vivido los dolores pasados.

 

     Solo el gran amor de mi madre, que ya era su novia y pensaban casarse antes de la guerra, le mantuvo optimista durante los miserables tres años. Al morir mi madre que lo hizo ocho años después que él. Llegaron a mis manos dos cartas de amor que le envió durante la guerra, una con las fotos de los “ buenos “ Franco, Mola, Queipo de Llano y un Sagrado Corazón; verlo junto a ellos da vergüenza, estaba en Gernica. Comenzaba con la clara caligrafía que tenía, saludando a su novia”..... Inolvidable novia me alegrare que al recibir....” y su despedida “........ y se despide de ti tu novio que te quiere y no te olvida...... “.

 

       La otra carta era pura ternura. La misiva de amor más maravillosa que yo he leído; su diseño muy cursi pero en aquellos días único; tenía un ramillete de flores en un corazón  con la palabra amor, todo ello en purpurina  con relieve al tacto y en color; debajo en letras grandes y mayúsculas  “ A MI NOVIA “, en el renglón siguiente con letras minúsculas más pequeñas “ En Prueba de Amor “ y cuatro estrofas de cuatro versos que algún poeta bobalicón de ellos, escribió para las novias de los soldados, la estrofa que más me ha impactado siempre decía:

 

Aguardo el dichoso día

que a tu lado vuelva estar

y pueda mis amorosos

juramentos, renovar

 

      Comenzaba así: Huesca, Jaca, 1 de enero de 1.938....... Inolvidable novia, me alegraré que al recibir esta estés bien..... y con palabras de amor que no cito pues son ese lazo que me une a  mi padre, terminaba con estas palabras.... recibe un abrazo de tu novio que te quiere. P.D.: pon estas señas haber si llegan antes tus cartas R.M.N., Batallón cazadores Las Navas nº2, batallón B 2ª Compañía, 6ª estafeta de Campaña, Alto de Aragón Jaca ( Huesca ).

 

      Creo que no superó en su vida estos tres años de desesperanza, sin embargo aunque siempre le quise, ahora le adoro recordando lo que decía mi madre “ tu padre canta muy bien, sobre todo por Farina “. Mis manos tiemblan de emoción cuando suena “ Vino Amargo “ de Rafael Farina, y maldigo el poco tiempo que dedique a quererlo cuando vivía....  Esas dos cartas son mi mayor tesoro

En la Barra

Vino......

Café......

Cañas......

Tres tapas,

un botellín....

Siempre sirviendo.

Siempre contento....

Detrás de la barra del bar.

 

¿ Camarero tienes alma ?

¿ Camarero tienes amigos ?

¿ Camarero tienes juventud ?

 

Te veo un alma grande,

que ama,

que sufre con los demás,

con esas gentes vacías,

con esos hombres sin alma,

con esos patanes de la sociedad.

Con esos bobalicones,

que piden,

que exigen

Y humillan sin cesar.

Todos te dicen amigo,

y nadie te ayudará.

Tu no puedes tener penas,

tu corazón ya no siente,

tu cara será sonrisa ,

la eterna sonrisa

que ayuda a loe demás.

¿ Vives tu juventud ?

vives cien vidas,

mil,

y mueres en cada instante,

dejando pasar sin vivir

la juventud.

 

¡ Los hombres sueñan ¡

¡ Los hombres aman ¡

¡ Los hombres lloran ¡

¿ Puedes soñar?

¿ Debes amar?

¿Aún tienes tiempo de llorar?

¡ Adelante amigo ¡

Tienes un padre,

que sueña contigo y

comprende tu llorar......

 

 

 

Mirandote

Déjame verte más cerca.

Déjame verte y no hablarte.

Déjame querer sin verte.

Déjame soñar así…

 

Cuando mi lucha es pasión.

Cuando mi vida eres tú.

Cuando mi alma es la tuya.

Cuando verte es mi dolor.

 

Amor, amarte, tenerte.

Amor, amarte, soñarte.

Amor, amarte es mi lucha.

Amor, amarte es mi Edén.

Amar con amor se paga.

 

Ama, ama con locura.

Ama, ama con ardor.

Ama, llora, sufre, muere.

Amar, es siempre dolor.

 

Sufro mirando tus ojos.

Queriendo tu boca.

Sufro rozando tus  manos.

Mordiendo tu aliento.

Muero por acariciar tu pelo.

Por besar tu cuello.

Muero por sentir tus pechos.

Por tenerte en mí.

 

Si con mis manos pudiera

construir para los dos.

Un mundo nuestro,

sin que nadie condene este amor.

Si con mi boca pudiera

hablarte, decirte amor.

Sabrías como te sueño,

y comprenderías mi pasión.

Si con mis brazos pudiera

abrazarte, cada día, cada hora,

cada instante, siempre.

Sabrías lo que te siento

y llorarías mi dolor.

 

El tiempo seguirá pasando.

Mi juventud se marchitará.

Mis cabellos serán blancos.

Mis manos ya temblarán.

Mis ojos tendrán dos surcos

de tanto y tanto llorar.

Mi boca estará morada,

de tantas veces desear.

Mi cuerpo estará vacío,

de tanto tiempo esperar.

 

Entonces se acabarán mis días.

Entonces empezaré a perder.

Entonces se acabará mi vida.

Entonces perderé mi Edén.

¡Entonces! ¡Siempre y ahora !

 

Déjame verte más cerca.

Déjame verte y no hablarte.

Déjame querer sin verte.

Déjame soñar así...